martes, 16 de agosto de 2011

El rábano por las hojas

Paso a catarsear.

Hace siete meses que soy empleada de nuevo, situación que ya dije me alegra mucho, por haber encontrado por fin, en medio de mi profesión, un pequeño espacio en el que me siento bien. Voy a trabajar contenta, regreso de trabajar contenta. Es una sensación que experimenté en Lima en contadas ocasiones, donde sentía que la vida era la misma y sin perspectivas de cambio, sin embargo, acepto sin mezquindad que sobreviví gracias a esos trabajos que realicé con toda la calidad que me fue posible brindar.

Me sitúo en el contexto que me impulsa a escribir este post catárquico: yo mujer sudamericana, ingeniera de una sociedad machista a rabiar, a los 22 años el primer título universitario, 5 años de experiencia profesional en diversos países sudamericanos en consultoras peruanas e internacionales (ja), a los 30 una maestría en Alemania y en alemán, una casa y 12 cactus (ja). Esa soy yo. Ninguna Berufseinsteigerin, persona que consiguió todo a punta de esfuerzo y se siente orgullosa en la medida que corresponde, que más bien aprendió a golpes y a porrazos cómo comportarse y relacionarse laboralmente, con los pies bien en el suelo, que sabe que nadie es indispensable pero también que nadie es reemplazable. Y si no fuera todo eso que si soy, vale en las mismas proporciones todo lo que viene a continuación.

El problema: una colega “emancipada”. Ella 30 años, acaba de salir de la universidad, su único estudio, en su primer trabajo (entró tres meses antes que mua) siente que ha logrado la gloria celestial, apenas gana sus primeros suelditos, no pisó afuera de Europa ni una sola vez, a lo mucho puede hablar alemán, muy desubicada, habla por teléfono todo el día, es bullosa y muy chinchosa. Turistão la ha apodado Gesinão en honor a su ex-colega del mismo nombre, de similares características y a quien tuvo que aguantar durante dos largos años y medio de sufrido Mitarbeit.

Respiro profundo y prosigo.

Capítulo primero:

Son los primeros días de trabajo, yo estoy llena de energía y todavía no han habido roces por situaciones laborales. Estoy desarrollando mi primer proyecto, tengo mucho para hacer, necesito coordinar cosas por teléfono a pedido del jefe. Yo odio telefonear en alemán pues me pongo nerviosa y siempre corro el riesgo de no entenderlo todo o conjugar mal los verbos. Quiero hacer la llamada pero no se como se consigue línea:

Mariam: Gesinão, me dices por favor cómo hago para llamar afuera?
Gesinão: ehhh, also... private Anrufe versuche ich von meinem Handy zu machen -si claro, pendeja, ándate a la puta que te parió que me estás enseñando una novedad...-
Mariam: no es un tema privado
Gesinão-quedando-muy-mal-en-medio-de-la-sala: aaah, tienes que presionar cincocincocincosincorriente.
Mariam: gracias

Se la paso y continúo siendo feliz.


Capítulo segundo:

Mis colegas alemanes son una horda enfurecida tomadora de café en cantidades industriales. El café se acabó en el cuarto piso, y baja a nuestro piso (el tercero) un colega y pregunta a Gesinão-conozco-como-funciona-todo-en-esta-empresa si sabe porque no hay café en su piso (?). Pareciera que Gesinão siente un placer inmenso cuando la gente le pregunta dónde se consigue papel higiénico, donde está la aspiradora, cuándo vienen a reponer el agua, cuál es el número del tipo que compone la impresora o cuál es el Durchwahl de Fulaner o Menganer, ya que como telefonea todo el día, se sabe todos los anexos de memoria:

Primer acto:

Pelao: Gesinão, das heilige Getränk café se ha acabado en nuestro piso! Y no encontramos más! ¿Sabes qué ha pasado?
Gesinão-siempre-hilfsbereit: eeeh, no, pero en el segundo piso hay café en la despensa que está a la lado de la cocina que está al frente de la secretaría, abajo de las servilletas de papel de color rosado que están a encima del jabón de manos...
Pelao: ah ok!, gracias -le guiña el ojo, evita la fatiga y se dirige raudamente al cuarto piso-
Gesinão: er ist wieder hochgegangen! -alemanamente indignada-
Silencio fatigoso en la sala.
Gesinão: no entiendo eso, le dije donde estaba el café y se fue de nuevo arriba!
Silencio abrumador en la sala y Gesinão maldiciendo porque Pelao no recogió el café abajo.

Al rato el segundo acto.

Otra colega baja diligente a nuestro piso y se dirige directamente a la secretaria del pueblo:

Colega-desconocida: Gesinão, no hay café arriba! - Dios nos acuda porque el café se acabó...-
Gesinão-arrancándose-las-vestiduras-con-las-muelas: yo la le dije a Pelao que el café está en la despensa que está a la lado de la cocina que está al frente de la secretaría, abajo de las servilletas de papel de color rosado que están a encima del jabón de manos... pero se fue de nuevo arriba, das verstehe ich nicht!
Colega-desconocida: ah ok, danke! - y se dirige presurosa también arriba-
Gesinão: no entiendo eso, todos dejan el trabajo para que lo hagan los otros!
Bienvenida al mundo de la nicht-Gesinidad.


Capítulo tercero:

Mariam: carajo se puso a llover, y no tengo paraguas!
Gesinão: eeeh, bei Rossmann gibt es ganz billig...
Mariam: bis morgen! -ignorándola lo menos que pude, ya que he llegado ayer y no se dónde venden paraguas-
Ojalá que cuando salgas llueva ácido y tu paraguas de Rossmann se derrita.

Capítulo final, el motivo de este post:

Yo, Mariam, ser saludable por excelencia (?) y decisión propia (??), hago deporte en un gimnasio local, por el que tengo que pagar una suma justa de euros. Cuándo recién empecé a trabajar, Gesinão-meto-mi-narizota-en-todo me preguntó, que dónde me iba con la mochila. Podría haber dicho a la mierda, maldita chismosa, no es tu problema, no te importa, no te metas, pero como soy nett, dije que me iba a hacer deporte. Ahí vinieron las preguntas complementarias de rigor, que dónde es que hago deporte, que qué hago, que cuánto me cuesta (infaltable). Y yo podría haber mentido, pero como soy nett o intento serlo al menos por el tiempo en el que duran las buenas relaciones, dije la verdad.

Ahí Gesinão dijo que ella también iba a un gimnasio, porque los alemanes tienen un espíritu de competencia sin límites o de desacreditación de lo que uno hace si ellos no lo hacen o no lo pueden hacer, y agregó la nota financiera a su comentario: que su gimnasio era mucho más barato que el mío. Ah, bueno, dije, a mí me gusta el que tengo y por eso voy ahí hace tres años y medio. Chúpate esa pendejita y ándate a la mierda de paso y no me jodas, tacaña-que-vas-a-un-gimnasio-donde-se-tiene-que-pagar-para-usar-la-ducha, agggh. Al tiempo; digamos; unos dos meses después, nos cuenta nuestra célebre y bien ponderada Gesinão con cara emponzoñada y muchos puntos en contra que no tiene más ganas de ir a su gimnasio y que se iba a meter al mío y se justificó diciendo que era un schönes Ambiente y siempre limpio y con un programa muy variado y blablabla. ¿Perdón? ¿Te cansaste de pagar para usar la ducha? Y yo por la madre que la parió, y ahora cómo fuck me la saco de encima, seguro va a querer ir junto! Agregó que eso solo iba a poder ser en Agosto porque ella estaba en el otro todavía.

Llegó Agosto y contó que se había metido al gimnasio. Pero que se había metido al Club Platinum y que el contrato limitado que había hecho solo le permitía ir al local cerca de su casa. Yo estaba más feliz que lombriz en charco, ya que mi Studio es el del pueblo por el pueblo y para el pueblo (ja) y ella no iba a poder ir a ahí. Empezó a contar que la inscripción costaba 139 euros, que la mensualidad costaba 55 euros y no se cuántos euros más: datos elementales en una conversación alemana, porque aquí no pasan dos minutos sin que tus interlocutores teutones ya empiecen a hablar de plata. Pero el momento de la verdad llegó el jueves pasado a la hora del almuerzo, en medio de cinco alemanes, un griego, una francesa, y esta sudaca, su humilde servidora:

Gesinão: me inscribí en el club Platinum porque en el otro club entrenan diese türkischen Frauen a las que no soporto... -empezamos mal-
Silencio sepulcral en la mesa.
Gesinão: es que ellas tienen su forma de ser y han impuesto su forma en el gimnasio...
Silencio sepulcral continuado.
Mariam: mi gimnasio está lleno de turcas y todas son muy amables, no tenemos problemas...
Gesinão: es que no soporto ver como entrenan con sus velos...
Mariam: es un gimnasio mixto! los hombres no las pueden ver!
Silencio de todos los otros comensales-no-me-meto-en-problemas y Mariam impresionada.
Gesinão: pero estamos en Alemania!
Mariam: pero ellas no son alemanas! -a punto de tirarle una tarántula peluda y venenosa, que la muerda y la deje morir de convulsiones, echando baba por la boca mientras se asfixia lentamente y se pone verde-

Ahí colega-casado-con-sudamericana (!) abre su bocota, no se si para intentar mejorar la situación o para joderla de una buena vez:
Colega-contradictorio: yo tengo la misma situación con mi hija en el jardín de niños... -ah si? que te jodan con un pepino, pedazo de imbécil-
Gesinão: ¿dónde vives?
Colega-contradictorio: junto a la estación Sutanerstraße.
Gesinão: pero ahí está lleno de turcos, ¿por qué no te mudas? Tu hija merece un mejor lugar para vivir! -¿Qué? ¿Acaso estamos en 1939, vamos a ser deportados todos?. Por cierto, Gesinão debería colaborar con el nuevo alquiler-
Colega-contradictorio: si es que la mayoría de niños son turcos... -pero responde la pregunta idiota!-
Gesinão: ¿y las niñas van con velos?
Colega-contradictorio: algunas si...
Gesinão: tu hija no puede crecer viendo eso! -¿ah no? que te jodan con dos pepinos filha da puta-
Mariam-extranjeramente-indignada: ¿cómo puedes decir eso? ¿acaso es un problema que las niñas lleven velo?
Gesinão: inclusive hay algunas niñas que sirven (bedienen) a sus hermanitos hombres! -sí, ese es el problema louca barrida y emancipada-
Mariam-peruanamente-indignada-y-en-horrible-alemán: tú no puedes impedir que ellas vivan de su forma, ellas son musulmanas y tú puedes ayudar respetando y enseñándoles a los otros niños que eso no es errado, sino sólo diferente! -y ya casi muriendo, convulsionando como si a mi me hubiera mordido la tarántula peluda- ¿puedo saber cuál es tu opinión de los niños latinos? ¿que hacen los niños latinos, chinos, africanos que te disgusta?
Gesinão: estoy hablando de las turcas...
Mariam-mundialmente-indignada: si, pero son todas extranjeras y jamás se van a comportar como tú lo haces! -gracias al buen Dios-

Silencio sepulcral en la mesa, el resto de alemanes-no-digo-lo-que-pienso-en-voz-alta, quedaron mudos y Gesinão no continuó más.

Quedé afectada, impresionada, incomodada. Al día siguiente almorcé afuera. Y estos últimos días tengo que arreglármelas para seguir trabajando con Gesinão y con los otros verkleidete Gesinões.

Entonces, personas pacifistas del mundo, el que se sienta incluido es bienvenido, y el que no, con mucha pena, ¿cómo se hace uno cuando choca con situaciones muchas veces manejables en el momento, pero imposibles de procesar después? ¿cómo se hace cuando die Verarbeitung de las emociones y de las situaciones, para encontrar el mensaje positivo, aquello que te sirve para seguir adelante, o descartar el negativo, aquello que no te sirve pero tampoco te importa, no es realizable, porque no es posible? o ¿estoy exagerando?

Es absurdo e inútil hacerles entender a los alemanes quién es una. Ellos tienen en su cabeza lo que la escritora nigeriana Chimamanda Adichie llama “el peligro de una sola historia para definir a los pueblos, a los grupos y a las personas”.

Que si eres mujer sudamericana has venido a Alemania con un marido alemán, o has venido a conseguir un marido alemán y bailas como un trompo.
Que si eres turca musulmana estás desintegrada por andar con velo y sirves a tu marido y a tus hijos, y ahí agregan que no hablas alemán, aunque muchas jóvenes nacidas y crecidas aquí lo hablen.
Que si eres tailandesa, has llegado siendo una mercancía de un viejo jubilado que te compró para que seas su sirvienta en una de las vacaciones que hizo en las playas de tu país.
Que si eres caribeña o brasileña eres puta.
Que si eres iraní eres refugiada.
Que si eres africana, eres aparte de refugiada, analfabeta, y has pasado mucha hambre en la vida y tienes 14 hijos.

Y no es que todo eso que escribo siempre sea mentira, pero tampoco es siempre verdad.

Son incapaces de entender que las mujeres extranjeras (no sólo las sudamericanas, turcas, musulmanas) no son (todas) débiles, sin voluntad, ni fuerza para vivir dentro de, o para romper los límites que sus (a veces machistas) sociedades les han impuesto, que no (todas) son analfabetas y tienen 14 hijos cada una, y que (algunas) sí pueden (y con mucho más esfuerzo de todo el que el ellas han hecho en la vida) cruzar solas las fronteras sin resentimientos y con alegría y tienen además de esa inteligencia práctica y formación académica y cultural que a ellas (muchísimas veces) también les falta en una sociedad en la que dadas las condiciones de desarrollo no deberían faltarles a nadie, un corazón enorme. Hier, ein riesiges Fragezeichen (?). Ellas no entienden, que esas mujeres a pesar de tener todas las circunstancias exageradas, son (casi siempre) capaces de mantener su cualidad de mujer y seguir siendo delicadas, madres y esposas abnegadas y amadas, trabajadoras útiles y vor allem personas felices en la sociedad.

¿Cómo se hace para luchar con el prejuicio de una mujer contra otra mujer? ¿Cómo se hace para decirles “oye tu emancipación femenina te ha llevado a un lugar sin regreso, en tu opción no hay equilibrio”? ¿Por qué (muchas) no pueden incluir en ese movimiento de defensa de la mujer por la mujer, a aquellas mujeres que no se parecen o no quieren parecerse a ellas? Es una nacionalidad, un velo, un cabello planchado y unos aretes grandes y sobre todas las cosas de este mundo una actitud conciliadora (y no frontal y a la defensiva) un impedimento para ser mujer con valor? ¿Tenemos todas que cortarnos el cabello, engordar, salir peleando por el mundo, escupiendo por el piso, caminando como hombres y asumiendo que todo lo que hacemos es bueno y que si (con justicia) se dice que lo que hacemos no es (lo suficientemente) bueno es por machismo?

Yo se que generalizar no está bien, pero tampoco voy a desacreditar mi catarsis, también se que no todo alemán es bestia, y que no toda bestia es alemana, pero como se hace en estos casos para superar las diferencias culturales (¿o son mas bien errores culturales?), para sobrellevar la forma limitada de comprender los problemas del mundo de la gente (que si no es toda, es bastante, sic), de entender que también las otras mujeres musulmanas (con sus velos o sin ellos) son personas valiosas y felices, que el problema no es el velo y que no (sabemos si en verdad) hay un problema ¿cómo se hace para hacerles ver más allá de los límites del plato como ellos mismos lo dicen? A veces no consigo triturar la información y los temas me superan y hasta me deprimen.

Si una mujer está siendo oprimida, es ella misma quien debe reconocer la opresión como opresión. Si una mujer está siendo oprimida, uno debe ayudarla, hacer un esfuerzo por comprenderla y no ponerse en contra de ella y eso vale para todas las sociedades del mundo. Si una mujer se siente oprimida/esclavizada/humillada/desrespetada, también le corresponde a ella poner de su parte para liberarse de aquello que la oprime. Una revolución femenina empieza por una misma, pero no puede tener éxito si los demás, en especial las otras mujeres, sobretodo las ya “emancipadas”, te dan la espalda. Las niñas oprimidas, tienen madres también oprimidas, y es obligación de la sociedad ayudarlas. Pero no siempre todas las mujeres están sintiéndose vejadas, y no es el concepto externo el que cuenta, sino el de ellas propio. Eso se llama respeto.

Yo celebro en una fiesta patronal porque Gesinão abrió su bocota para expresarse. Lo que no celebro, ni respeto, ni un poco es lo que dijo.

¿Quién pelotas soy yo para decirles a ellas que se saquen el velo, que dejen de servir, si a ellas eso las hace felices? ¿Quién soy yo para suponer que su felicidad es falsa o que lo que creen y hacen es errado? ¿Quién soy yo para decirles que tienen que ser como yo? ¿Dónde quedo el ser humano con libre albedrío? ¿No es acaso el libre albedrío también un poco cultural?

Gente, basta de falsas virtuosas libertadoras y feministas que se llenan la boca con sufrimiento y el sudor ajenos!

¿Cómo se hace en este mundo para ser mujer sin adjetivos?


jueves, 9 de junio de 2011

Con esperanza y dignidad



¡FUJIMORI NUNCA MÁS!


(Primero muerta antes que emputecida)

miércoles, 25 de mayo de 2011

No hay amor sin espinas

Hace cuatro años estaba aterrizando en Alemania. Hace cuatro años me gritaron en el aeropuerto de Hannover por primera vez (porque después vendrían otras muchas veces) cuando no entendía como sacar los carritos para el equipaje. El policía alemán enorme, gordito, con aretito y muchos tatuajes asustadores me quería hacer comprender que con un euro podía retirar el maldito carro:

- WIS GUAN YURGHHHO!!!

Y yo por la puta madre ¿que me quiere decir este huevón con WIS GUAN YURGHHHO?

El problema era obviamente la th y r alemanas intentadas en inglés. Mi cerebro no traducía al español schlecht ausgesprochene englische Sätze.

El quería decirme with one euro. Pero al cojudo le salía WIS GUAN YURGHHHOOOO con amplitudes de sonido cada vez más y más elevadas, lo que me condujo a tomar la decisión casi inmediata (digamos unos 3 segundos después) de desistir de usar los carritos. Al final solo tenía una mochila de 20 kilos. 

Anda a ver lo que tengo ahora.

Eso se repetiría muchas veces después con sing en lugar de thing o somsing en lugar de something o nosing en vez de nothing o bersdei en vez de birthday.

Hoy, después de cuatro años tengo siete cactus de más o menos dos años y medio de edad, suficientemente creciditos. Uno floreció ayer por primera vez (uno de los capullos se abrió aparentemente por la mañana) después de haber invocado durante los dos años y medio a los orixás para mandarnos todo su axé lleno de poder floral.

A los cactus los miro casi casi todos los días, intento reconocer si tienen una espina más (?), un lóbulo más, un color diferente, cualquier señal de crecimiento. Uno es un pilosocereus azureus, dos son mammillarias de un tipo que no se decir, una es una opuntia monacantha monstruosa, otro una opuntia cristata, uno es un aloe juvena y el último es una crassula de un tipo que tampoco se identificar, pero creo que a las crassulas se le considera suculentas. Para mi son cactus todos.

En medio de la alegría por la floración de la mammillaria, y viendo que a la opuntia monacantha le están creciendo dos “ramitas” extrañas color verde claro o quien sabe sin son los capullos de los que pareciera van a salir las flores más exóticas de toda la galaxia conocida, Turistão me dijo desde el sofá, sin importarse un carajo de mis cactus (ni de toda mi otra flora casera bzw. minha mata atlántica) que me iba a dar de presente un libro sobre cactus.

Yo le dije:

- ¿sabías que la opuntia tiene su origen en Brasil? ¿Justo en Rio Grande do Sul?

- ¿en serio? -dijo- ¿y cómo han llegado hasta acá?

- pues en avión...

Ahí es cuando me di cuenta de lo importante que es en mi vida saber que los cactus SI tienen semillas.

- el pilosocereus azul también es brasileño -continué- del resto no estoy segura.

- yo también soy brasileño -me dijo, sin mirarme ni a mi ni a mis cactus

- seeeee...

- y también soy un cacto, negra

- ¿ah si?

- si mira, acá tengo mis espinhos -y se tocó la cabeza.

Me morí de amor.

Alemania sigue siendo la misma.

Pero yo ya no.

martes, 10 de mayo de 2011

Sufrir de ambición

-escrito el 15 de marzo del 2011-


Paso a catarsear.


Tengo vida nueva vida como Erwerbstätige. Contra todo pronóstico, estoy muy muy muy feliz. Estoy en la cima de la campana de Gauss y ahí me quiero quedar.


¿Ya dije que me pasan cosas raras? Miles de veces. No exagero: me hablan los viejos (al respecto puedo decir que Turistão cada vez que ve eine alte Dame dice que es mi mejor amiga), me quieren los niños (este es un punto a mi favor), me saludan los policías (esto supera cualquier compresión), me toca vivir con pipilépticos, misóginos o con Arbeitslosen. He nacido con el aura fallada y atraigo todas esas cosas hacia mi de forma ineludible. No hay precaución que tome que llegue a ser suficiente o eficaz. Destino que le llaman, patrón.


Yo quería vivir en Berlín.


.y

ahora

vivo

en

BERLÍN.


(aquí vendrían un montón de escarchitas, adornitos, un muñequito bailando)


¿Hay mejor cosa que eso?


Posiblemente haya.


Berlín es una ciudad muy loca, muy alternativa o mejor dicho con más lugares alternativos, y reventado de inmigrantes. Por eso el estilo alemán no se nota, es muy difuso, la ciudad es más sucia, los buses impuntuales, los trenes viejos, la gente es más pobre, más umweltbewusst dicen ellos mismos. Ya me había acostumbrado con Hamburgo, con la modernidad, las calles y los trenes limpios, los buses sin pintarrajear, un laguito cerca y con cisnes, un canal con botes desde mi balcón, chimarrão na sacada, velejar no Alster en verano (esto ya me estaba rompiendo un poco las que no tengo, porque levantarme los fines de semana temprano para ir a subirme a un bote y luchar con el viento me iba poniendo un poco de mal humor), mercadito biológico a la vuelta, Dat Backhus todos los domingos y New York Dinner con papas fritas con mayo cuando no había ganas de cocinar. Me aburguesé, yo, Mariam. Claro que recuerdo mi indiedad cuando el corazón se me pone chiquito al pasar por las vitrinas de Jungfernstieg y veo las chaquetas de 1000 euros o aretes de ámbar de 5000 euros.


¿Se necesita tanto encima de uno para alcanzar la paz interior?


Posiblemente se necesite.


Me siento mal cuando veo mujeres y hombres arreglados para sacar a pasear un perro chic. Mis comentarios no van contra la libertad personal de hacer con el exterior de uno lo que a uno le de la maldita gana, es sólo que cuando veo el consumo exagerado y futil, me siento muy muy muy mal. No puedo comprender, ahí es cuando tengo ganas de agarrar a todos los ricos, expropiarlos y usar la plata en algo necesario. Me dijo una vez una empleada nuestra mientras planchaba cuando yo le hablaba sobre los zapatos de He-Man que quería a toda costa (y que eran para niños):


- “qué cosa tan exterior niña! Felizmente yo no sufro de ambición.”


“Yo

no

sufro

de

ambición“


Me quedó grabado para siempre.


Es que uno se va olvidando que comía raspadilla de hielo industrial en saco de arroz con aserrín abajo de algarrobo y que iba a comprar gaseosa sin zapatos en pleno verano a las tres de la tarde y se quemaba las patas en las veredas calientes del barrio y que tuvo las rodillas raspadas hasta los 12 años. Lo recuerdo cuando miro las vitrinas de Jungfernstieg y me siento remal. Me convertí en un ser más producido (aquí hay que relativizar la producción a otros niveles que no tengo condiciones de definir), me hice nuevas cejas en Brasil (el día que me las hicieron me ardía hasta el cuero cabelludo, al día siguiente amaba profundamente al estilista y hoy día deseo su muerte en la horca) y ya no me acuerdo de mis épocas de bataclana.


Bueno, pero lo que quería contar era sobre mi nuevo y dulce y vorübergehender hogar.


Algo que me domina a mi es pensar (lo que hay que pensar), bajo mis patrones, lógico. Entonces para actuar como un ser inteligente, me conseguí solamente un cuarto en Berlín en una especie de WG mientras durase el período de prueba, que no es solo para el Arbeitgeber sino fundamentalmente para mi, para darme cuenta que es eso lo que sí quiero hacer por los próximos dos o tres años hasta que esté en condiciones de imponer un nuevo orden en Sudamérica y así matar dos pájaros de un tiro y no tirar la plata pagando dos departamentos, como fue la sugerencia de Turistão, sino gastarla en otras cosas, por ejemplo en un Webstuhl. Al final la plata es polvo. Pero de plata se vive, desgraciadamente, y hay que salir a ganársela.


"Ganarse

la

vida"


Algunos no sufren la dificultad de ganarse la vida.


Pero tampoco disfrutan el sentimiento del sobreviviente: placer puro.


Cuando estaba buscando el cuarto en Berlín visité a cuatro personas: un gay Geschäftsführer que trabaja con cines, una Arbeitslose fumadora, una organizadora de exposiciones en museo y una mujer que dijo trabajar con películas para niños. Puro artista meu Deus do céu.


El Geschäftsführer de cines (¿da plata eso?) me cayó rebien, tomamos té, hablamos de la vida y de los milagros, de su novio, de su infancia, de Berlín. La vivienda estaba bonita pero mucho minimalismo y modernidad para mi estilo sudamericano casa-llena-de-Kram. Lo que no me gustó fue la cama y el gato Paulito (alias Paulie) que vive ahí. Me llevo mal con los pelos de gato, no con los gatos en si mismos, así que tuve que inventarme una excusa y decirle que ich habe mich für eine andere Lösung entschieden y viel Glück y leb wohl.


Siguiente.


La Arbeitslose-fumadora-ex-bailarina-de-ballet (¿da plata eso?) era suiza o al menos eso me dijo, había sido casada con brasileño y de él le había quedado el corazón partío, el apellido y el primer hijo. Después se casó con un alemán que le dejó otro hijo y probablemente otras cosas, y ahora compartía su vida con un africano de un país que ya me olvidé, pero si uno le veía la pelucaza llena de dreds que se manejaba pensaba que era Bob Marley pero bien morado, a lo berenjena. Se autoproclamaron de multi-kultis.


Genial!


pero no me vengo a integrar al grupete, pensé. Los dos fumaban como locos -”pero sólo en la cocina”-, me dijo la mujer muy seria, “en el resto de la casa, no”. Si, Juana. En el día de la visita fumaron como desequilibrados delante de mi que soy la activista number one del antitabaquismo -no así del porro- y me dejaron asfixiándome lo que duró la entrevista. La casa era vieja, el barrio feo. Primero comenzó ofreciendo el cuarto por 350 mangos, luego lo bajó a 320, después dijo a 300 cuando fuera primavera y la calefacción estuviese apagada (!!!). Me dijo que ella lavaba la ropa de todos junta para ahorrar agua (!!!). No hay nada peor que vivir con gente estresada por las cuentas que no puede pagar y que se consigue un inquilino para amainar sus carencias. Entonces salí huyendo de ahí. Ni siquiera me tomé el trabajo de decir que no, porque la desesperación de la mujer era tanta, que ella misma me llamó para preguntar cómo me había decidido.


Siguiente.


Me tocó la visita con la mujer de 40, organizadora de exposiciones en museos (¿da plata eso?). El problema fue que odié todo su hermoso ser a primera vista y entendí como siendo tan bonita estaba sola como el Chavo cuando todos se fueron a Acapulco.


Siguiente.


Finalmente visité la última mujer de 45 años. Me dijo que trabajaba con películas para niños (¿da plata eso?) y que su hijo en edad escolar estaba haciendo un intercambio en tierras australianas. La casa era bonita, limpia, un poco pequeña, el cuarto tenía un piano, una hamaca y una palmera, casi casi una playa en el Atlántico. Iba a poder decir “ich wohne unter Palmen”. Como la ubicación era ideal porque no quedaba lejos del trabajo y así podría dormir hasta las 7 todos los días paré ahí: Kreuzberg, un lugar alternativo. Me decidí por ese lugar primero porque parecía todo normal y porque no tenía más ganas de seguir buscando.


Lo que me parecía bastante raro era poner en alquiler el cuarto del hijo de uno, yo no lo haría nunca, pero como los alemanes se comportan un poco distinto con el ahorro y se relacionan de una manera diferente con el dinero, no lo seguí cuestionando.


Al final resultó que esta mujer también era Arbeitslose, pero lo concluí mucho después. Con lo que se confirma que si de cuatro desconocidos elegidos completamente al azar, dos son Arbeitslose entonces la tasa de gente desempleada en Berlín es definitivamente alta. El tema es que en la entrevista te preguntan de todo, para tasarte, y uno le cuenta a la persona que considera un ser con éxito normal en la vida su verdad que podría llegar a ser interpretada de la siguiente manera: “ah, soy sudaca, he estudiado esto, luego aquello, trabajé aquí, luego allá, luego tuve ganas de irme a Europa y postulé a una beca, me la dieron, hice una maestría, me pasé tres años y medio muy felices y estoy buscando el cuarto ahora porque luego me voy far away from here a cerrar con broche de oro mis vacaciones eternas y regreso recién a fines de enero para comenzar a trabajar en Berlín y ganar muy probablemente más que tú”. Fue una historia cruel de tercermundista que antes iba a comprar gaseosa sin zapatos y se quemaba las patas y ahora extraña la Segelschule del Alster. El problema en Alemania es que es una sociedad que privilegia mucho die Leistung. No se cómo explicarlo, pero uno debe mostrar que logra cosas, sobretodo en el ámbito profesional, que al menos eres selbstständig, sino, me da la impresión que no eres nadie, que no impresionas, y si te sientes así, pues no sales publicándolo, muy normal.


Aquí no existe el “jodido pero contento”.


No me dijo una palabra de que vivía de la seguridad social. Ni me explicó porque no me iba a hacer contrato, lo cual me pareció bastante razonable, ya que si no te llevas bien con la persona simplemente agarras tus chivas y te largas. Después me dijo que le pagara solamente en efectivo y se negó rotundamente a darme su número de cuenta y tampoco quiso darme recibos. Osea que no podía dejar pistas. Y su aviso estaba en una inmobiliaria privada.


Yo Juana.


Me la hicieron. Yo que quería huir del estrés que produce una mala economía, caí en la trampa de ser tu amigo, caí en la trampa de en ti confiar...


Pero la historia va más allá de todos los límites de la dignidad.

El día que me mudé me dijo que iba a trabajar hasta las 3 pm, y que llegara después para poder darme la llave. Pero no trabaja y le avergüenza y yo siento pena. A veces dice que debe estar a tal hora “im Büro”. Yo le llamo el Büro imaginario. La primera semana se levantaba antes que yo todos los días, se vestía y se iba al Büro imaginario. Pero volvía rápido a casa. Lleva una vida extraña, a veces viene su(s) novio(s) a dormir (lo(s) mete bien tarde en la noche y lo(s) saca bien temprano en la mañana), nunca le(s) he visto la cara. Creo que es(son) un(os) chiquillo(s). Desaparece muchas noches, sin plan determinado, llega temprano en la mañana o no llega dos o tres días. No come ordentlich, o mejor dicho, no come. Tuvo un marido alcohólico y por eso lo dejó. Esa historia la reveló ella misma. Osea que tuvo un pasado malo y ahora anda por la vida con un futuro incierto. Me pone triste todo eso. Sobretodo el esfuerzo enorme que debe ser para ella mantener la careta y fingir.


Yo estoy contenta, porque a pesar de que la carrera que elegí no me gusta mucho, tuve la oportunidad de encontrar un pequeño espacio en el que por fin que me siento bien en medio de esa profesión. Me siento triste por ella y por todos los que solo pueden vivir el día. También estoy triste porque pienso que en este mundo sólo la técnica paga. El resto sobrevive bastante mal. Esas son las conclusiones a las que he llegado después de mucho trote.


Después de un tiempo de estar en Alemania confirmé mi verdadera vocación, una que siempre conocí y disfruté pero que en Perú no tiene nombre: Textilgestalterin im Handwerk. Eso en español se diría “artesana tejedora”.


¿da plata eso?


No, no da un carajo.


Así que para hacer algo al respecto, decidí crearme otro blog para exponer mis trabajos con hilos, telas y la combinación que resulta de ellos. Quizá pueda llegar más allá con esta idea. Me parece que puedo desarrollar conceptos de material y forma. Eso no me sucede para nada con los trapos prefabricados que veo en las tiendas. Me fascinan los libros con tejidos históricos y las nuevas técnicas. Ya tengo unos 10 kilos de material, varios trabajos terminados y algunos empezados.


Si al final en la red hay millones de personas tejiendo como locas y publicando todo lo que tejen


¿por qué yo no?


Al final yo también hubiera tenido que alquilar la habitación de mi hijo.

Pero sufro de ambición.















martes, 14 de diciembre de 2010

Hogar, dulce pantano (1)

Cuando tenía 22 años decidí que quería vivir sola, ser independiente, enfrentar el mundo a mi manera y que me tenía que ir de la casa de mis padres. No tenía idea de lo que significaba vivir sola, completamente sola, sin nadie alrededor. No tenía idea lo que significaba ser independiente, sin extender la mano para recibir nada de nadie y sobrevivir únicamente con el sudor de mi frente aceptando día tras día la frustración de mi vocación. No sabía lo grande y malo que era el mundo porque había vivido en un pueblo donde todos se conocen o por lo menos donde todos han escuchado hablar de todos. Salirme de Piura con mis petacas para irme a Lima ha sido el inicio de la más grande aventura que continua hasta hoy. Por eso tengo ganas de escribir detalladamente sobre eso. Podría ser una serie que se llamaría "Mudanzas" o algo más creativo tal vez y haría entregas mensuales o temporadas tipo Lost y que toda una tira de huevones se queden discutiendo sobre lo que va a pasar, sin darse cuenta que ni los propios creadores saben qué va a pasar. A eso yo lo llamo manipulación de los medios, pero la rueca de huevones creen que ellos han definido los destinos de la serie. Hay cosas que no entiendo bien.

Es como cuando la gente de ciudad cree que tiene que ser la mejor, sin darse cuenta que solo tiene que ser mejor que los que tiene alrededor y no mejor que toda la gran población. Y que la realidad espacial define muy bien los niveles de mediocridad en los que uno vive. Para mi es muy fácil cuando comparo la condición humana en sus niveles animales reales. Algunos humanos que no se toman nunca el trabajo de parar un poquito, creen que piensan que tienen que ser mejores que todo el resto de humanos, sin darse cuenta que así como los venados, uno solo tiene que ser el más rápido de los venados de su grupo o por lo menos no más lento que el venado más lento de los venados del grupo, porque su depredador directo tan inteligente y tan naturalmente diseñado para la sobrevivencia como la comida que tiene alrededor, se va a alimentar primero del venado más lento. Que león dejaría escapar al venado más lento para perseguir al más rápido? Y qué gana el venado más rápido corriendo más adelante que los otros venados? La vida y la sobrevivencia son cuestiones básicas y siguen reglas inteligentes, pero nosotros los humanos que creemos que todo es más complejo de lo que parece, lo valoramos todo mal.

Los dos primeros párrafos están conectados entre si, es una autocrítica y uno tiene muchísima relación con el otro. Es una especie de declaración de principios de eficiencia. No me salió bien la conexión pero no estoy en este rato para ediciones.

Entonces un día del 2002 agarré mis chivas, me despedí y me quité. Llegué a Lima a vivir en una "pensión" a la que llamo "El Hogar de Pony". ¿Qué no has visto Candy, Candy? Pues te perdiste un montón de lecciones de taradez. Este Hogar de Pony era una casa para gente que si tenía padres pero parecía que no. Se acababan el agua caliente, licuaban jugos a las seis de la mañana, el teléfono siempre estaba ocupado, sólo se veía novelas a la noche y luego noticieros y las muchachas decían únicamente cosas como "qué bonita su blusa", "qué lindos aretes", "ese corte no le queda bien", expresando niveles arrolladoramente desaforados de interioridad. Los chicos eran precámbricos. Duré dos meses ahí, más por necesidad. Lo que me pagaban por la práctica que hacía en la empresa que quedaba a dos cuadras de la casa, me daba solo para pagar el alquiler y me quedaba una limosna para gastármela en lo que yo quisiera. La comida era la mejor de todas. ¿O sería que había comida? Aún no me decido.

Fue mientras vivía en esa pensión cuando conseguí mi primer trabajo decente. Digo decente porque de trabajos también podría escribir una saga. Como ya me podía pagar mejores cosas, me busqué un minidepa y encontré uno cerca, porque el barrio era bueno, limpio y seguro. La doña era (y seguro sigue siendo) una vieja arrugada y seca como pasa, rubia al pomo, fumadora de cigarro, de hierba y de todo lo fumable, con los dientes podridos, con dos hijos especiales como de 30 años, uno vago como de 35 y un marido también fumador. La casa quedaba en un sitio tranquilo y bonito, con parques y tiendas alrededor y con la Chama, la 41, la 73, la S, y otras combis necesarias para la supervivencia a cinco minutos caminando. El minidepa era un área separada de la casa, pero el patio interior era compartido por mi y por la familia de la vieja, aunque la vieja ni su familia saliera nunca al patio y yo tampoco, porque sólo yo lo usaría para tender la ropa durante los cinco años que me quedé. Su sala y mi cocina daban al patio común. El alquiler era pagable y por las condiciones familiares suyas no daba para cobrar más. Cualquiera con más sentido de conexión con el mundo que yo hubiera huido inmediatamente de ahí. Pero yo fui la inquilina perfecta: puntual en los pagos, capaz de cerrar la cortina y aumentar el volumen del televisor.

El patio que "compartíamos" tenía una lavandería y un árbol de limón que jamás dio un condenado limón, con mucho sol en verano y mucha humedad en invierno. Cuando ellos regaban el jardín de afuera, conectaban la manguera en el caño de la lavandería, no podían cerrar la puerta de la sala y era en esas oportunidades cuando los hijos especiales salían a la luz. Uno de los hijos de la vieja estaba obsesionado conmigo, pero yo creo que se hubiese obsesionado con cualquier mujer que hubiese tenido a la vista, porque según mis amigos loqueros, algunas personas especiales podrían tener la libido descontrolada por insatisfacción y por eso presumiblemente alta. Novio de la época llamaba a los especiales de "tísicos". Decía "los tísicos esto", "los tísicos aquello". Para diferenciarlos, a uno le decíamos tísico y al otro, tísico más tísico. Yo ni sabía que significaba tísico, ni me tomaba el trabajo de averiguarlo. A mi me sonaba la palabra perfecta, pero ahora se que no tiene nada que ver una cosa con la otra.

El tísico más tísico vivía porque respiraba, pero no hablaba, no sabía comunicarse y tenía rabietas extrañas de vez en cuando. Hacía un sonido ascendente "mmmmmmmmm" y otra vez "mmmmmmmmmm" y así se podía pasar varias horas. La vieja le hablaba y perdía la paciencia. Luego gritaba desesperada y a veces hasta lloraba. El tísico no tan tísico era una persona especial que al menos hablaba y tenía niveles aceptables de razonamiento, se comunicaba bien, no tenía rabietas, no había que capturarlo para bañarlo, ni obligarlo a comer, pero no tenía la capacidad cerebral adecuada para ser una persona autosuficiente. El hijo vago era mecánico de autos, o eso es lo que pude comprender en todos los años que viví ahí, pero nunca lo vi ir a trabajar. El viejo era jubilado. De la vieja no tengo información, tal vez ama de casa por la vida entera debido a la situación familiar. Al inicio, cuando me di cuenta donde me había metido, tuve ganas de mudarme. Después también me di cuenta que mientras ellos estuvieran en su espacio y yo en el mío no habría problema, pues el hecho de pensar en la mudanza me daba una flojera monumental. Así es como finalmente me quedé siempre.

Los primeros meses, cuando yo todavía extrañaba la casa de mis padres, me iba a Piura cada vez que podía. No me importaba viajar 13 horas el viernes y 13 horas el domingo para volver molida y a trabajar el lunes a las 8 de la mañana. Todavía todo era aventura, tenía dinero, tenía independencia, hacía lo que quería. Un lunes llego a casa después de trabajar y después de haber pasado los feriados de semana santa en las playas norteñas. Voy a la cocina y encuentro roto un vidrio de la ventana-mampara y un pantalón y un calzoncillo en el piso al lado de la ventana. La ventana de la mampara era de esas que están formadas por vidrios rectangulares paralelos sostenidos por un marco de aluminio y que se abren y cierran con una palanquita. Al rato viene la vieja a explicarme lo sucedido, disculparse y pedirme que le devuelva el pantalón y el calzoncillo del tísico más tísico. Me moría de asco de agarrar el pantalón y el calzoncillo del hijo, porque el tipo gritaba como un loco cuando lo metían a la ducha más o menos una vez al mes. Para bañarlo había que sedarlo con dosis para caballo, la casa se volvía un despelote y yo tenía que aumentar el volumen del televisor. Encontré unas seis veces un pantalón y un calzoncillo en mi cocina. Y cada vez los tuve que devolver.

Muchas cosas pasaron en ese tiempo: expulsiones de los vecinos de arriba por falta de pago a cargo de matones de veinte lucas, ya que según el viejo, no convenía llevar el caso al poder judicial porque si se hacía la denuncia había que esperar a la orden oficial de desalojo que podría tardar unos 5478 años; griteríos de la mujer celosa del otro inquilino de arriba con paliza incorporada, llanto posterior de la mujer y reconciliación con trepada bullosa a seguir; visitas de la DEMUNA por el asunto de los tísicos; grupos de oración de la vieja todos los jueves; pleitos por cuestiones políticas entre el marido de la vieja y el vecino de la casa contigua, uno Humalista y el otro Aprista, respectivamente. Osea, "Un mundo para Mariam".

Diría que en medio de todo, yo era la única sin tanta mala suerte.

En esos años que viví ahí me he puesto de 26 y no me he dado cuenta, ha pasado un montón de agua bajo el puente, muchos árboles caídos se han quedado atracados y han estado a punto de derribarme, estoy en casa muy poco, tengo que trabajar durante el día, algunas noches voy al gimnasio, luego a comer, estudio inglés o alemán, si es verano voy a la playa en el finde, si es invierno, a Cieneguilla a comer picarones y pachamanca, tengo planes, tengo mi vida bajo control, disfruto mucho de todo lo que he conseguido pero odio la esclavitud en la que vivo. Ya se que me voy a Alemania, mis vacaciones eternas están a punto de comenzar. Ya estoy preparando maletas y me dedico a limpiar, botar lo que no quiero, descansar un poco antes de hacer el Tour Perú 2007 y ya he renunciado al departamento. Pienso dónde carajo voy a meter toda la barbaridad de cosas que tengo y a quién le voy a regalar mis plantas... En cinco años de vida se me acabó el kilometraje varias veces. Mi tiempo en ese departamento terminó y me siento al borde de otro abismo, como cuando decidí irme de Piura, pero no me importa.

Atacada de emociones me llega el último domingo que paso en Lima y estoy alegre y triste, pensando mucho mientras lavo mi ropa en el lavador de la cocina. Por casualidad miro al patio y veo al tísico más tísico parado en mi ventana mirándome absorto. No reacciono, por primera vez lo veo tan cerca. De pronto, él se saca el pantalón con todo y calzoncillo como tiene acostumbrado a hacer en mi ausencia, mete la mano por la ventana para entregárme sus trapos y hace su sonido clásico al reírse -si acaso sabe lo que es reirse- "ruf-ruf-ruf-gggghhhh-ruf-ruf-ruf-gggghhhh" y me señala una y otra vez sus órganos sexuales con la cara pegada a la ventana. Yo me quedo paralizada mirándolo y pensando que tiene el cuerpo huesudo igualito al de un sobreviviente del holocausto y me doy cuenta que el pinto se le va haciendo visible en medio de una mata horrorosa de pelos negros. Una visión única, una aberración anatómica, un fenómeno fisiológico experimentado desde otra dimensión.

Irracional, imposible, surreal, insano. Mis ojos jamás fueron tan útiles.

Todos los pensamientos del mundo pasan por mi cabeza y él sigue riéndose -o excitándose, o las dos cosas- "ruf-ruf-ruf-gggghhhh-ruf-ruf-ruf-gggghhhh" con más y más fuerza, se golpea contra la ventana como en la parte de la canción perrea mami perrea, o es papi que dice la canción -tampoco se-, se frota contra la mampara de izquierda a derecha, de adelante para atrás como un pipiléptico -menos lo se-, "ruf-ruf-ruf-ggggggghhhhhhh", se atora el cojudo, es el otro sonido que le he escuchado emitir en todo el tiempo y no creo que alguien sepa diferenciar lo que está tratando de comunicar, si es que está tratando de comunicar algo, y sigue intentando que yo le reciba sus trapos y me parece que va a perder el equilibrio o que se va desmayar en cualquier momento porque ya no me esta mirando a mi más, ahora mira para arriba y le cae baba de la boca, pero sigue perreando sin pausa contra la mampara, como un demente. El sol lo ilumina. Yo estoy idiotizada, pienso en el dolor de la vieja, me arrepiento de llamarlo tísico, se me encoge el corazón. Imagino que el tipo apesta, me domina el asco que siento, me aplastan todos los sentimientos del mundo. Reacciono en cámara lenta y lo espanto como mi vecina espantaba a sus patos "usshaaaaa! usshaaaaaa!" y el tísico más tísico sale corriendo de mi ventana-mampara cuando su madre lo ve.

Inenarrable.

Nadie verá lo que yo vi.

Me costó reponerme de esa impresión, el corazón me latía muy rápido, me temblaban las piernas y cuando volví a mi, lloré por el tísico más tísico, por el no tan tísico, por la vieja, por el viejo, por su suerte.

Por el vago no.

No me explico hasta hoy como se hace para resignarse a una realidad tan indigna. Después seguí llorando pero porque tenía que dejar todo lo que tenía, todo lo que me había costado tanto conseguir, por mi no tanta mala suerte.

Como soy ciclotímica, dos horas después me recagué de risa. Pensé que no hay mejor broche de oro para la estadía de una inquilina tan buena como yo: ver al tísico más tísico vuelto loco, calato con el pinto parado frotándose contra mi mampara. A la semana de eso me fui a Piura por última vez.

El pantalón y el calzoncillo del tísico quedaron en el piso de la cocina hasta el último día que viví ahí.

La vieja nunca más me puso la cara. Ni para recibir las llaves.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Yo, Mariam

¿Pensaron que me olvidaría del blog, que yo, Mariam, que vine al mundo desnuda, imposibilitada de cualquier comprensión, dejaría de escribir mis incongruencias?

Pues se equivocaron.

Últimamente tuve mucho contacto con las religiones del mundo. Y por eso es que me siento en la necesidad de escribir sobre mis experiencias con la religión y la espiritualidad -sin llegar a comprender los límites ni la diferencia entre las dos- y aunque el ordenamiento de mis ideas en este tema esté para el carajo voy a intentar catarsear un poco sobre esas cosas que dominan mi razonamiento gran parte del tiempo.

Primero quiero comenzar diciendo el axioma de este post para que los lectores reflexionen cada una de mis palabras teniéndolo presente: "yo, Mariam, respeto profundamente a cualquier ser humano que haga el esfuerzo de encontrar una forma razonable de relacionarse con lo divino o lo sagrado, y respeto profundamente cualquier creencia religiosa o actividad espiritual siempre y cuando las actividades doctrinarias inherentes a la práctica de esa religión, respeten la libertad del prójimo que intenta hacer y expresar lo mismo en otra religión". La definición de razonable es en este contexto absolutamente personal y lo dejo a interpretación de cada lector, con el riesgo de que el propio axioma de mi post descalifique el post completo.

Yo creo en la existencia de un Dios único. Y creo en Dios desde la moral natural con la que vine al mundo y es esa moral natural la que me conduce a la inquietud sobre la existencia de Dios, una cosa es causa y consecuencia de la otra. Creo en el espíritu y en sus potencias, la inteligencia y la voluntad. (Y no mezclo la moral natural con la moral cristiana revelada. Eso solo a modo de diferenciación de los conceptos, porque he sido bautizada y obligada al estudio de la religión en la que nací.)

Yo considero sofisticada cualquier inteligencia que se tome el trabajo de pensar en la existencia de Dios y de encontrar caminos para relacionarse con Dios (sea como fuere). El trabajo de encontrar un camino para relacionarse con Dios es complejo y el camino no es único. Por eso es que me maravillo ante la fe (sea cual fuere). No soy enemiga de ninguna fe. No me siento amenazada por ninguna fe. Si me siento amenzada por aquellas personas que sin creer en nada o creyendo en algo y teniendo el derecho a creer/no creer en algo o en nada, critican o califican a aquellas que trabajan en una fe (seal cual fuere) y tienen el derecho de demostrarlo siendo o no ejemplo viviente de esa fe. (Leer detenidamente la oración anterior). Si esas personas viven o no en la verdad de la fe que profesan propia públicamente, no es para mi cuestión de crítica. Tampoco cuestiono la racionalidad de las actividades que involucran la práctica de cada fe, yo las acepto siempre y cuando no hagan daño ni perjudiquen a nadie. Y aquí la definición del daño/perjuicio también sería/podría ser cultural y los límites los observo indefinidos. Intento mucho descubrir mis propios límites en esa definición de lo bueno y lo malo y quisiera tener una especie de clasificador, pero me doy cuenta que mientras más vivo, más encuentro que mi propia apreciación de lo bueno y lo malo van cambiando en el tiempo y he aquí mi más grande dilema. La definición de lo moral, lo ético y lo lícito se me mezclan completamente. Pero no desisto.

Finalmente desde mi cultura, desde los límites de mi (no)formación/(des)información, repito que soy una practicante de la creencia en la existencia de Dios y desde ese punto de vista, con mis límites temporales y culturales, respeto a todas las personas que practican una religión y su doctrina, aunque yo no practique la doctrina de la religión que me fue dada oficialmente por herencia y profundísima creencia materna. Eso para ubicarlos en el contexto de mi posición/confusión y aquí vendría un emoticón o un signo de interrogación, pero este tema es demasiado serio para mi, una simple mortal.

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Madre es cristiana, cátolica, apostólica y romana a rajatabla. Familia materna es completamente cristiana, católica, apostólica y romana a rajatabla elevada a la n cuando n tiende al infinito. Y aunque en realidad la doctrina diga que hay solo una forma de ser cristiano, católico, apostólico y romano, yo siempre voy encontrando por el mundo diferentes estilos en el intento de práctica que me llenan de ternura y admiración. De una ternura bonita.

Padre se volvió con el tiempo y a insistencia de Madre un poco cristiano, si es que cabe la posibilidad. La verdad Padre profesa un poco de todo, desde un poco de comunismo/socialismo incompatible con cualquier religión hasta un poco de espiritismo, oh my god. Con padre experimenté mis primeras sesiones espiritistas, por describirlas de alguna forma.

Turistão es konfessionslos. No sabe persinarse, no sabe que es el Padrenuestro, no tiene el más mínimo sentido de la religión, ni entiende que es doctrina, ni fe, ni axioma, pero reza al buen Dios cada día antes de dormir para agradecer por lo que tiene. Y me emociona.

Yo ya fui a todos los templos que pude y pienso que siempre he estado buscando ir a todos los templos que pudiera. Ya fui bautizada, consagrada a la Virgen y comulgada, fui a Las Huaringas a que me saquen los demonios y me escupan amarres, pero también comí el Pan de los Profetas, me puse una burka encima, oré mirando a la Meca encima de una alfombrita, fui a un Terreiro, vi incorporaciones, hablé con un Preto Velho, un Caboclo y una Criança y tiré flores a Jemanjá, fui a una misa evangélica, a un culto adventista, ya partí el pan, y tuve una empleada mormona que transcribía la Biblia de pe a pá y yo leía embelesada todas sus transcripciones con faltas ortográficas imposibles, salí con un tipo que me decía cada vez que algo salía mal "Jehová dijo a Abraham: escucha a tu esposa, ella te llevará por el camino del bien" y yo me moría de risa, ya me robé las hostias y me tomé el vino de la capilla del cole y si alguien se dio cuenta fue solo Dios. En todas las veces me sentí bien y feliz.

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El gimnasio al que voy es un lugar de convivencia. Ahí conocí a una muchacha que es un sol, siempre animada, feliz y amable. Ella me empezó a hablar un día y después de un tiempo me invitó a un culto en una comunidad cristiana de esas que cantan, bailan y leen la Biblia. Y como ella me cae tan bien, acepté, bah, igual hubiese aceptado si no me cayese tan bien, sólo para ver y experimentar. Era un encuentro de mujeres. Llego a la comunidad y empieza el culto y comienzan a cantar y bailar y dicen en medio de cada cosa que pueden Amén y Aleluya y yo me maravillo con esa necesidad de Dios del hombre. Ella me dice después del culto que Dios ha llenado su corazón y que si antes se sentía vacía, ahora no, que se siente feliz. Y me doy cuenta que yo respeto y también admiro a esas personas que eligen vivir felices en su fé, a aquellas que se tomaron el trabajo de buscar una explicación a su humanidad en Dios. Después conozco a otra chica que me dice que si estoy ahí no es por casualidad. Que Dios me está buscando. Y también me emociono.

Otro día salgo de la hora de Bodycombat y si alguna vez dije que yo me bañaba en mi casa y me cambiaba en la cabinita del gimnasio, pues ahora ya no lo hago. Lo superé y me cambio con todas y me baño en las duchas con todas y hasta converso desnuda con todas. Me sorprende mi capacidad de adaptación. Me sorprende la variación de mi concepto del significado de pudor. Y ese mismo día, cuando estaba pensando en cómo he cambiado miro la cabinita y veo una musulmana con velo y vestido hasta el piso (así hace ejercicio), tirada en el piso rezando supongo en dirección a la Meca (digo supongo porque ni Dios es capaz de rectificarme el sentido nulo de la orientación). Termino de cambiarme y la mujer sale de la cabinita y me habla a mi, Mariam. Ahora me habla cada vez que nos encontramos, me cuenta que le gusta tejer y que va al gimnasio por recomendación médica. Me ha invitado a su casa, en la que tendré que ponerme velo, pero que no me preocupe que ellos ya tienen varios para las invitadas.

Empiezo a pensar que debo tener demasiados demonios adentro y por eso todos me quieren salvar.

¿O será que Dios de verdad me está buscando?


miércoles, 3 de noviembre de 2010

La Caperucita Roja

I.

Cuatro generaciones ascendentes han estudiado en el colegio en el que yo tuve la desdicha de estudiar. Sin embargo no podría decir que el colegio fue completamente malo, en realidad no se cómo calificar esa experiencia, porque cruzarme con esa realidad macabra desde tan pequeña me dio la oportunidad de aprender a practicar el arte de ignorar a la gente, ser indiferente a todo, no responder a ninguna pregunta y a olvidarme rápido de lo que no me gusta. Eso es algo muy bueno o muy malo de mí, no me decidí todavía, pero reconozco que cuando lo practico, disfruto sin límites. Las monjas del cole pensaban que llamando a mi papá todas las semanas iban a encontrar alguna solución para mi comportamiento, pero se dieron por vencidas cuando mi papá se puso indefectiblemente de mi lado y optó por practicar el mismo arte que yo: escuchar y no decir nada.

Yo lo corregí y lo aumenté: escucho hasta que la oreja se me ponga roja, no digo nada, pero escribo todo.

En ese mundito de mujeres de deseos reprimidos y actitudes extrañas, uno aprende a ser extraña, a reprimir mucho sus pensamientos o a no pensar mal por costumbre y también se acostumbra a la protección que las mallas de un gallinero como ese te ofrece: 900 adolescentes encerradas en un mismo lugar. Uno sólo tiene amiguitas, vive muy feliz y contenta ignorando al 100% de las monjas y al 50% de compañeritas, porque 150 compañeras eran demasiadas y me desataban una especie de fobia social; estudiando lo suficiente para que no digan que una no hace nada, cumpliendo con las tareas, pensando en ovejitas, arbolitos, pajaritos y dibujando corazoncitos en la pizarra con "Alicia y Jorge" y viendo a Alicia salir corriendo de su asiento para borrar con las manos húmedas de los nervios el corazón y el nombre de Jorge. Ridículo.

Así me pasé 11 años.

En esas condiciones mentales llegué a la universidad, inocente y pura, una babosa, totalmente desprotegida. Nadie me ofreció su ayuda. Me dejaron sola en ese mundão. Y así fue que me junté con un grupito de amiguitas estudiosas muy buenas igual que yo y tan ciegas o peor que yo y que habían estudiado en gallineros vecinos. Ese grupito de amiguitas ciegas ya tenía su grupito de amiguitos universitarios, y yo me uní a ellos muy feliz, porque para mi no había cosa mejor que por fin tener amiguitos. La vida me demostró que mis ojos no verían lo evidente, ni del más allá, ni del más acá, ni la verdad que se desnudaba frente a mí y me permitía explorarla como un ultraje ginecológico, esos que tengo la valentía de sufrir cada seis meses.

Al final de los tiempos resultó que esos amiguitos universitarios eran todos del otro bando o por lo menos pateaban con las dos. Mis amiguitas no lo sabían, ninguna se dio cuenta, y yo tampoco lo noté. En esa época yo tenía la sensación de que el tiempo pasaba demasiado lento, que sucedían muy pocas cosas en la vida de todos, me limitaba a observar a la gente y a ver como se empezaban a definir las personalidades de los grupos por los nombres que los otros les ponían: "los animales", "los nerds", "los industriales", "los mecánicos", "los fumones", y yo me imagino que toda esa otra gente debe habernos llamado a nosotros "las amiguitas buenitas y sus amiguitos gays". Yo nos hubiese definido como "grupito de las amiguitas idiotas" si hubiese tenido suficiente malicia. Y no es que yo tenga algo contra los gays, lo que tengo es algo mío que está en contra de mi misma, porque teniendo 30 años sigo con el defecto de no prestar atención a lo que hay que prestarle atención y no darme cuenta de lo que tengo que darme cuenta. Para hacer el defecto menos evidente a veces lo llamo concentración (???).


II.

Ya al finalizar esos dos primeros años lentos y confusos, una tía me regaló para mi cumple 19 mi primer set de maquillaje completo. Tenía labial, polvos, colorete, paleta de sombras, máscara de pestañas y delineador de ojos. Yo era peor que ahora, ni siquiera me depilaba las cejas, y así me animé un día a delinearme los ojos. Me salió terrible, lógico, pero como sufro de desubique contextual crónico pensé que poniéndome las gafas no se iba a notar mucho. Y así me mandé a la universidad.

Llego a la clase y amiguito número uno en salir del closet me saluda y me dice señalando mi ojo con su dedote:

- tienes el delineado chueco

Por la puta madre. En ese momento morí de chucaque ronchudo, quise que la tierra me tragara, me odié por ser tan cojuda y hoy cada vez que me pinto los ojos redescubro el significado verdadero de esa frase llena de contenido: "tienes el delineado chueco", "tienes el delineado chueco," "tienes el delineado chueco", "tienes el delineado chueco", y así hasta el infinito chueco.

Me fui al baño y me lavé el delineador.

****

Pasa otro año y amiguito número dos en salir del closet me cuenta mientras banquéabamos sin remordimientos como fue su primer encuentro con una chica. Me contó todo con mucho detalle y al final me dijo:

- pero tenía el cuello saladito

Cuando lo recuerdo, puedo ver a las ardillas comiéndose los restos de las bolsas de chifles de los basureros y mi cabeza funciona como caja de resonancia que repite sin pausa: "tenía el cuello saladito", "tenía el cuello saladito", "tenía el cuello saladito", "tenía el cuello saladito" y así hasta el fin de la galaxia y lo puedo comparar exactamente con la frase de Bayly creo que en "Yo amo a mi mami":

- tiene pelos en las tetas

"Pelos y tetas", "pelos y tetas", "pelos y tetas", "pelos y tetas", "saladito, cuello, pelos, tetas", "saladito, cuello, pelos, tetas", "saladito, cuello, pelos, tetas". No logro separar los hechos, confundo una información encriptada con la otra, intuyo que los dos están tratando de decirme lo mismo, siento que el espíritu se me separa del cuerpo y me mira de afuera, y me dice, "tú, pedazo de idiota", señalándome con el dedo y haciéndome una mueca de doctor cuando me revisa la garganta mientras me dice "tienes el delineado chueco" y yo con la bocota abierta haciendo "aaaaaahhhhhh".

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Pasa un año más y estamos a punto de salir de la universidad, tratando de controlar la borrachera de la facultad en la que se vendieron 3200 litros de cerveza y se recaudó la mayor cantidad de plata de todos los tiempos hasta el 2001. Amigo animal se pone en plan "si me miras te pego", suelta su belicosidad y empieza a romper botellas, llegan los de seguridad a expulsarlo de la fiesta, pretende que lo vuelvan a dejar entrar y en protesta se trepa a la reja del local estilo barra grone y empieza a gritar como loco zarandeándolo todo y dejándonos impresionados a todos por los efectos de las sustancias tóxicas. En medio de ese caos aparece amiguito número tres en salir del closet que se había largado a estudiar a otro país hacía dos años y estaba de visita en la ciudad.

Mi memoria fotográfica recuerda mi falda arrugada, mi top azul y mis zandalias nuevas encharcadas de ese lodo alcohólico y pestilente que se forma en los huariques con piso de tierra, lo ve llegar vestido de tonos caqui a saludarme horondísimo y feliz con lentes de contacto color almendra. Le estoy viendo "lentes de contacto color almendra", "lentes de contacto color almendra", "lentes de contacto color almendra" y sombrerito de boy scout, me dije. Los lentes de contacto de hace 9 años no eran como son hoy y pensé "que cosa rara ésta", "cómo cambia la gente cuándo se va", "la gente cambia", "la gente cambia", "la gente cambia", "la gente cambia", "la gente cambia". Y eso si que no lo he soñado.

Cuando se fue, yo seguí preocupada con la plata que recaudábamos para la fiesta de promoción.

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Les perdí el rastro a todos esos amiguitos, y a sus amiguitos también porque a decir verdad eran una manchaza de gente, que salieron discretamente del closet con pequeñas cosas que vivimos ellos y yo y los encontré de nuevo en esa maravilla del Chismebook. Diez años después estamos casi todos en Europa, muy modernos, todos asumidos, ya ni se acuerdan de la oscuridad del closet, están enamorados y felices, unos con blogs de viajes o de moda, diseñadores y pasarelas, con el cutis mejor y/o el novio más guapo que el de una, producidos y flacos, ni rastro del amiguito con camiseta, jeans y zapatillas con el que me senté tanto tiempo en la universidad, ahora se ponen cardigans delgaditos sin camiseta abajo, enseñan medio pecho depilado, están peinaditos con gel y ponen fotitos en juergas de ambiente con mesas verdes y sillones fucsias en las que salen con jeans skinny por la mitad del trasero.

Me acuerdo de las clases, de las horas de estudio, sin dar una señal de nada, los veo por el camino de Química cargando el trípode y el nivel y me doy cuenta que me llevaron a pasear al campo. Los corazoncitos que ponen abajo de sus fotos me desconciertan. Ellos ya me lo habían dicho sin decírmelo, me disculpo a mi misma por no ver lo evidente, cada vez que los recuerdos me asaltan.


III.

A Madre también le pasó lo mismo y seguro por eso es que se dice que lo que se hereda no se hurta. Un día le pregunté los detalles de la historia de su hermano. Una historia que me enternece y me hace admirar a mi tío por su valor en una sociedad de hace 45 años. Salir del closet a los 6 años en un pueblo conservador hasta hoy, para brindarte con inocencia la posibilidad de saber y aceptar.

Mariam: Madre y cómo fue que se dieron cuenta?
Madre: nos dimos cuenta cuando ya era grande
Mariam: porqué tan grande?
Madre: no se hija... en realidad no lo quisimos ver -y Madre suspira profundamente-
Mariam: cómo así?
Madre: ay hija, tu tío fue la caperucita roja en la actuación de fin de año del jardín de niños
Mariam: ....
Madre: el jardín tenía niñas -me dice de nuevo mientras suspira más profundo que antes, me mira, me sonríe y me da un beso y yo tengo ganas de poner corazones abajo de nuestras fotos-
Mariam: ....


IV.

La capa siempre es roja