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domingo, 29 de agosto de 2010

La cocina de Mariam Arguiñano

Ay gente, estoy a punto de postularme a cocinera de un programa de televisión, ya que no me quieren de ingeniera por ninguna parte :D

***

En Perú cocinar y/o comer casero es una actividad diaria. No conozco a nadie que me haya dicho que no le gusta la comida casera, lo que si conozco es gente que no tiene plata para ir a comprar lo que necesita para cocinar. Los menús diarios son una delicia y no puedo decir que nuestra comida tenga una "base" que se come todos los días, aunque muchísimos platos peruanos vayan acompañados de arroz y/o papas.

En Perú las comidas congeladas, las sopas enlatadas, las comidas para bebés (excepto la leche y algunas papillas), los postrecitos refrigerados y todo lo que viene listo para el microondas no existen aún en la vida diaria de los peruanos y me alegro de eso y espero que nunca existan. Además esa costumbre de comer de lata (frejoles, maiz, zanahorias, vainitas, pimiento, palmito y frutas) tampoco existe (quien lo comería si existe fresco y es más rico y es lo saludable) y también me alegro. Supongo que si cuento cómo es la comida en Alemania, muchas personas se asombrarían y asustarían (sobretodo las de mi ciudad-pueblo), y pensarían quizá como yo, que lo que hay adentro de las latas es veneno y como yo hago, se negarían rotundamente a comer "el contenido".

Durante mi niñez mi casa siempre estuvo llena de cajas de papayas, mangos, limones, naranjas y chivos, chanchos y ovejas amarrados al árbol del patio de adentro. A veces las cajas eran tantas que con mi hermano podíamos hacer una escalera y subir al techo. Los campesinos de la zona llegaban con regalos a visitarnos: bolsas de naranjas, toneladas de hierbas y gallinas y pollos y carneros sofocados con las patas amarradas. A veces se acumulaba tanta comida que era necesario regalarla a la familia y vecinos y amigos porque somos flaquitos y no nos cabía tanto. En uno de los traslados de seres animados a la casa de mi abuela, se soltó la soga del cuello de la oveja que llevábamos mis primos y yo y tuvimos que perseguirla dos kilómetros hasta la carretera a Sullana. Fue muy divertido: si la oveja saltaba un árbol caído, nosotros también, si saltaba un muro, nosotros también, para donde la oveja iba, íbamos nosotros también! E íbamos sin zapatos!

Durante años tomé leche de vaca de la vaca, avena con manzana, quinua, kiwicha y todas esas cosas en estado natural (y sigo viva). Me rehúso rotundamente a comer productos industrializados de este mundo primero porque yo se que los frejoles se remojan de la noche a la mañana y se cocinan, las zanahorias se compran frescas (y si les sale negrito se lo sacas y no la botas) y el arroz no se hierve en esas bolsitas plásticas! No entiendo qué ha pasado que hasta la cancha se hace en el microondas (dónde quedaron la olla y la mantequilla?) Inclusive los comedores de productos biológicos compran las comidas industrializadas y no creo que no haya un preservante ahí adentro. Le tengo miedo a las latas, al queso en ese aceite denso, al agüita de los champiñones, al polvo con el que dicen que se hace el puré de papa, a las pastitas de cositas para untar en el pan.

En Alemania he tratado de continuar con la costumbre de comer natural y es muy difícil y a veces muy caro. Las espinacas frescas no las encuentro en cualquier parte, debo ir a las tiendas "biológicas" (con mucho producto industrializado) o al mercado de los domingos y me cuestan los dos riñones hacer un purecito de espinaca. No es fácil comer y cocinar aquí. Lo bueno de Hamburgo es que hay muchas tiendas sudamericanas, africanas y asiáticas donde se encuentran camotes, yucas, plátanos verdes, culantro, frejol de soya y bambú fresco. Además con esa onda biológica que invadió este país (hasta ahora el concepto no me queda claro, porque biológico no quiere decir necesariamente natural, y si no es natural, sigue siendo biológico?) tengo miedo hasta del aire que respiro! Yo se que no es bueno burlarse ni desacreditar las iniciativas ecológicas y ambientalistas de algunas personas cuando todo se está yendo al carajo, pero no perdamos el sentido de las cosas y no olvidemos que comprar lo que las fábricas producen y todo aquello que no necesitamos contamina. El mundo nos marea.

Alemania tiene comidas tan ricas, pero los alemanes se han olvidado de cocinarlas, dicen que no tienen tiempo porque tienen que trabajar, yo también tengo que trabajar, pero cocino igual. A mi me encantan el pan, el queso y la mantequilla de hierbas alemanas. No hay pan tan rico como el pan alemán de granos, aunque ya lo vendan preamasado (y prehorneado?) al que sólo le tienes que dar una calentadita de 5 minutitos en el horno (!!!). Será que el mundo no está preparado para preservar los alimentos en su estado natural? Será que un día tendremos que abandonar el planeta, así como en la película El Quinto Elemento, vivir todos por encima del humo en aparatos voladores, y finalmente irnos a vivir todos a la nave nodriza y
alimentarnos por una sonda?

No recuerdo bien como aprendí a cocinar o como aprendí a tener idea de qué cocinar. Igual no me importa, a mi me encanta y hoy me lanzo a hacer todo lo que veo por ahí. Tengo ganas de poner un aviso en el periódico local para que alguna abuela del campo aquí en Alemania me reciba por un mes y así poder ver en vivo y en directo las costumbres alimenticias de las personas de pueblo y sobretodo su costumbres agrícolas, porque las costumbres de las personas de ciudad me tienen espantada. Quiero saber cómo cocinan, cómo hacen el queso y la mantequilla y por qué esta gente joven viviendo toda en pisos compartidos comen salchicha con pan, sopitas de lata y pizza de super de dos euros cincuenta para ahorrar pero se compran los trapos más caros que he visto en mi vida.

Soy media campesina y a veces me parece que esta civilización no me sienta muy bien!

Les dejo unas fotitos de mis experimentos culinarios y otras también.

Ingredientes para mi sopa de lentejas, aparte de las lentejas :)


La sopa de lentejas, a alguien le gusta las lentejas?


Fideos de arroz con una salsa de verduras y pollo salteados en sillao (salsa de soya)


Aquí quise hacer un desayuno inglés para el almuerzo, solo que reemplacé la salchicha por un pedazo de carne y lo completé con arroz y una ensalada con frejolitos chinos jajaja!!


Pastel de zanahoria antes del horno, uno de mis favoritos!


El pastel de zanahoria horneado, la foto le pertenece a la primera vez que lo intenté, las partecitas blancas son pedacitos de queso y claro que no me importó limpiar el molde para sacarle la foto :)


Bolognesa :)


Papa a la huancaína con queso fresco y aceitunita del turco!


Empanadas de carne, pasé horas amasando!


Y me salieron buenazas!


Arroz chaufa de pollo, no se porque no puedo subir la foto girada...


Trigo guisado con salchichas, este es un invento mío y es muy rico! Amo el trigo.


Mis alfajores peruanos con dulce de leche argentino, en reemplazo de la miel de chancaca y del manjarblanco, quedaron buenazos!


Acá brigadeiro brasileiro, es que mi lengua quería probar otras cosas, uuuh!


La mesa servida en Perú, yo ayudé a hacer los tallarines rojos. Y qué mesa mal puesta!


Algo que nunca aprendí a hacer como se debe: ceviche. La horca por favor!


Aquí les presento un plato alemán que me encanta: papas gratinadas con cebolla, cerdo y orégano, salchicha y unas chelitas!


Un supermercado en Lima en el que puede comprar todo fresco y en la cantidad que necesitas.


El mismo supermercado, al fondo están las carnes y pescados. Me olvidé de fotografiar las frutas!


Esta foto es de "Minka", el mercado del pueblo! Hay chirimoyas! Yeeee!


Aquí más de Minka, la parte de los granos, dónde se compra lo que se necesita y nada más, INSISTO. El niño es un niño trabajador empadronado. Qué suerte la mía que no tuve que trabajar de niña.

***

Se acuerdan de Karlos Arguiñano? Yo veía siempre su programa en el canal nacional y me moría de risa con los chistecitos e historietas que contaba. Se mandaba cada disparate! Y qué lindas manos tenía el tío! Me encantaba como decía siempre "Qué felicidad!"





Qué felicidad!

jueves, 8 de noviembre de 2007

Mato por un Pollo a la Brasa


Uno de los platos mas ricos, accesibles y democráticos del mundo: el peruanísimo pollo a la brasa.
Compréndame, aquí es invierno.

Si fuera verano, vendería mi cuerpo por un ceviche.

martes, 23 de octubre de 2007

De hambre no muero (segundo capítulo)

El Ají de Gallina es un plato típico peruano, muy rico, que consiste en pechuga de gallina (en tiempos actuales, solo pechuga de pollo) deshilachada y recocinada en una salsa de ají amarillo, pan, leche y otros ingredientes. El plato se sirve necesariamente con papas cocidas, huevo cocido y una aceituna. Ojo: no son dos aceitunas, sino solo una. Si le pones dos, se le va el charme al plato. Además se acompaña con una porción de arroz.

Vamos al punto. Cuando llegué a Alemania me dediqué a hacer un reconocimiento de todo supermercado que se precie de serlo y a probar cada verdura que se parecía con las verduras peruanas. Entonces pude encontrar palta, limón, apio, culantro, cebolla roja, acelga, espinaca, albahaca, brócoli, lechuga orgánica, lentejas, frijoles blancos y rojos, pimiento rojo y verde, pepinos en una variedad más delgada, entre otros ingredientes básicos en mi alimentación. Nunca pude encontrar el famoso ají amarillo componente elemental del Ají de Gallina (y de la Papa a la Huancaína). Entonces indagué en todos los sites sudamericanos y llegué a la conclusión que la bendita hierba no existe por estos lares al natural. Pero una hierba que si encontré, es el Ruibarbo, que no hay por Sudamérica.

La compra del arroz perfecto me condujo al ají amarillo (que en realidad es color naranja). El arroz alemán que compré siempre es de grano grande, largo, de color oscuro medio marrón, y de sabor malo. Por eso decidí comprar el arroz tailandés que venden en las tiendas asiáticas de abarrotes y que tiene un olor maravilloso. Cada vez que se acaba, voy a la tienda de los chinitos de la vuelta (aquí también hay el chino de la esquina). Y ahí encontré el famoso ají amarillo. Es una versión mas pequeña del que todos los peruanos conocemos, pero el sabor y la estructura interna y externa son idénticos!

Entonces el sábado preparé el potaje, y aquí están el culpable y el resultado.


Ustedes sabrán disculpar la falta de elegancia de la foto. A los lectores caídos del cielo, les dejo la receta aquí. Es la que más se parece a la mía.

Para el que quiera leer la primera parte de esta historia iniciada en Perú, puede dirigirse aquí.

Provecho :)

sábado, 12 de mayo de 2007

De hambre no muero (primer capítulo)

Durante los cuatro años que llevo viviendo independientemente, he desayunado, almorzado y cenado en cualquier lugar menos en mi casa. Esos "cualesquiera" lugares fueron los restaurantes de menú que se ubican en los alrededores del Centro Empresarial en San Isidro, las Sangucherías-Juguerías de Surco, la cafetería del Goethe Institut, o del Centro de Idiomas de UP y la cafetería del gimnasio de turno. En mis épocas sub-urbanas, en las que estaba sumida en el mundo industrial del Callao, almorzaba en Minka respetables y abundantes menús que hasta ahora recuerdo con hambre. Antes de eso, comí en los alrededores del Campo de Marte y del Ministerio de Trabajo, en Jesús María.

Cuando me mudé sola hace ya 4 años mi papá me regaló una cocina eléctrica, un juego de ollas Récord, un poco de vajilla y un termo para conservar el agua caliente. Bueno están casi nuevos, excepto el sartén. La verdad nunca he sido muy aficionada a la preparación de comida, no solo porque considero que no es sencillo, sino porque odio verdaderamente tener que lavar el cerro de cosas que queda sucio después de cocinar. Aunque cocinar siempre se haya reducido al hecho de freír huevos, carne, plátanos y preparar arroz o mezclar ingredientes frescos. Cuando tuve solvencia financiera, me compre un hervidor de agua y una waflera o como se llame. Y me dediqué a comer desayunos a toda hora.

Ahora que ya no tengo centro de labores, y me encuentro en un estado vacacional total que me impide la mayoría de veces sentarme a escribir, estoy cocinando cosas. O más bien, preparando cosas. Yo entiendo por cocinar a toda receta que incluya un proceso de cocción. Así que, insisto, me dedico más bien a prepararme cosas. A pesar de no haber tenido una alimentación supervisada por una persona experimentada en el tema (mi mamá o mi papá por ejemplo) durante todo este largo tiempo, creo que he buscado la manera de comer la mayor cantidad de cosas frescas, la menor cantidad de grasas saturadas, y he tratado de balancear al máximo mi comida incluyendo siempre una dosis alta de fibra.

Cuando estaba en Piura siempre comí mucha ensalada de vegetales frescos y muchas carnes de todos los tipos, de res, de carnero, pollo, pescado, e inclusive comí algunas veces cerdo. También tomábamos jugos de frutas naturales, como maracuyá, papaya (a la que odié por mucho tiempo) y limonada (en Piura por un sol de tan 25 limones). Comíamos mucha menestra, y purés y mucha sopa. En alguna época, cuando mi papá estaba obsesionado con la avena, la kiwicha y la quinua, comíamos eso a toda máquina. Mi mama siempre fue más ortodoxa con los alimentos, así que no puedo decir que hizo muchos inventos. Por todo eso y más, fue un choque total venir a Lima y comer papa, papa, papa, papa y más papa y pollo, pollo, pollo, pollo y más pollo en todos los menús.

Ahora que me estoy encargado personalmente de mi alimentación he encontrado algunas dificultades, pero creo que nada insuperable. Me preparo muchas ensaladas: de frutas o vegetales frescos; sopas, y estofados. Algunas veces me arrebato y me como una buena parrillada personal, un pollo a la brasa con papas fritas o hago una incursión dominguera en la cevichería Los Piuranos y rindo homenaje a mi procedencia norteña.

Aquí algunas fotos de mi propia aventura culinaria causante de mi desaparición internauta, total todos tenemos la posibilidad, no solo Gastón :)