lunes, 16 de noviembre de 2009

Un día en la vida

Esta historia comienza un día de un invierno lejano.

Sus amigos pensaban que ella estaba chiflada por salir con él, le dijeron que habían sido capaces de tolerarle de todo en nombre del cariño que los unía, pero que esto último sobrepasaba los canones de las buenas prácticas y que ya sentían vergüenza ajena. Ellos no habían caído en la cuenta de que por esos tiempos ella tenía los chicotes cruzados más de la cuenta y que la cosa no iba a dar para mucho, porque en cualquier rato se iba a producir el corto. El flaco con el que compartía la oficina la miraba y le movía la cabeza en señal de desaprobación para dejarle claro que esta vez sí se estaba excediendo. Y era así porque una característica de él, esa que nunca pasaba desapercibida ni para el más tonto, ni para el más bueno de los habitantes del planeta, era una galaxia de complejos de inseguridad que lamentablemente no lo desacretiban únicamente a él, sino también al que anduviese junto. En otro momento de menos chifladura ella no hubiera tenido necesidad de descartarlo, porque ni siquiera lo hubiera considerado en el proceso de admisión. Pero eran otros tiempos.

Y por ese relajo de las costumbres que a veces las mujeres se permiten, ella le hizo caso.

Salieron durante un tiempo muy corto y los primeros días llegó a pensar que él era inclusive adecuado, aunque no supiera definir los alcances semánticos de la palabra. Él vivía acosado de males de viejo: insuficiencia respiratoria, presión alta, asma, tos constante, mocos y para remate una micosis rebelde y añeja en las uñas de los pies, como los gavilanes polleros. Intentaba ponerse en forma corriendo como loco una vez a la semana cien vueltas alrededor del parque de cemento que había por su casa. Eso calmaba su conciencia, lo hacía sentirse saludable por cinco minutos y al terminar se atracaba de naranjas y pepinos para calmar el hambre voraz que tremendo esfuerzo físico le dejaba, hasta que no aguantaba más y rendía cuenta de un pollo a la brasa con papas fritas y cremas de todos los colores, en especial de la verde, que a él le parecía la más rica, como los bulímicos comedores de queso crema, solo que se saltaba la parte de vomitar y así todos sus afanes deportivos se iban al carajo. Le contaba que una noche de aquellas solo había cenado papaya, y ella pensaba que todo era inútil, porque ese metabolismo barullento tenía tan poco arreglo como su temperamento. El trajín emotivo que esa relación le causó se lo podía haber ahorrado si se hubiera dado cuenta que ella sólo estaba matando el rato y que poco le importaba si él le obsequiaba flores en cajita o en papel celofán y tarjetitas con frases de amor, o muñecos chinos que inevitablemente serían regalados porque ella era alérgica a la pelusa, o libros que leería toda su familia excepto ella, o música que nunca le recordaría a él o palabras bonitas que ella luego borraría sin pena de su mailbox, porque, a decir verdad, solo estaba esperando el tiempo pasar para llevar a cabo sus otros planes.

El tiempo pasó y le tocó conocerlo más.

El tenía la forma de un Tupperware deforme por el uso y por el paso de agua caliente, así como las loncheras de los obreros de construcción civil, que ella tan bien conocía. Usaba dos camisetas debajo de la camisa para esconder su condición de tetudo y disimular la panza rolliza que le sobresalía sin modestia. Caminaba como caballo cascorvo porque tenía las patas chuecas de las rodillas para abajo. Era dueño del segundo closet más grande que ella había visto después del de su ex-cuñada, atiborrado de ropas de marca que ella ni conocía ni compraría aún conociendo porque tenía un espíritu de india que nunca iba a entender de esas cosas. Él compraba jeans caros, camisetas de equipos de fútbol extranjeros que usaba en honor a los cinco minutos que duraba corriendo cuando participaba en las pichangas y usaba zapatos de todos los colores. Pero ella pensaba que tanto lujo se perdía encima de una percha tan desoladora y sentía cosita. No solo compraba como loco por internet y explotaba el sueldo que ganaba sin un mínimo control financiero, sino que sus tarjetas de crédito siempre estaban reventadas y tenía el futuro empeñado en un trabajo que nada le gustaba para pagar los placeres presentes que no podía permitirse pero que ya se había permitido y que lo acorralaban más y más en ese estilete de vida que los que viven endeudados llaman de moderno y del que aún años después él no podría salir y en el que ella no entraría jamás.

Después de detectarle el cuerpo, le tocó frecuentárselo, si no, la historia no hubiera sucedido en esta década.

El vino a su casa cuando los padres de ella habían salido y cogieron como él tenía previsto porque no se sacó las medias y ella no le pudo ver la micosis que le vio días después en las uñas de los pies. Ese día empezó a sospechar que el muchacho padecía de desórdenes libidinosos endémicos y se dio cuenta que descargaba su agresividad de acomplejado en la gente que si lo quería de verdad y a ella, que no lo quería sino para pasar el rato, la trataba bien. Ella pensaba que él ya estaba muerto porque se imaginaba que no podría levantar a nadie sin pagar. Como tenía una salud senil, cuando el frío de la noche le dió en la espalda, se le desataron todos los males flemáticos: tosió, estornudó y los mocos se le desbordaron, y al abrigarse a petición de ella, sudó como los pollos en el brasero de los restaurantes de S/. 2.99 que se comía después de correr las cien vueltas al parque de cemento que había por su casa. Ella no había terminado de definir qué de todo había sido lo peor y como no tenía mucha paciencia y tampoco ganas de filosofar, disimulaba con comprensión el tedio que sentía, esperando que llegara la hora de él irse y cerrar la puerta y apoyarse dramáticamente al cerrarla por sentirse liberada, así como hacen las actrices en las películas en blanco y negro cuando alguien indeseado se va. Cerraba los ojos con furia, intentaba dormir y no podía porque temía que él se muriera ahí mismo, en la casa de sus padres, ahogado en sus gargajos. Se arrepentía de haberlo hecho ese día con él y de que por pura lujuria que encima quedó sin satisfacer, la espalda de él estuviese fría y él ahogado en tos e inundado de mocos. Imaginaba a la gente de la aseguradora llegando a nebulizar al paciente o llevándoselo al borde de la asfixia. Lamentaba tener a su lado un cuerpo achacoso envuelto en una piel de joven. Esa primera noche, en un momento en el que ella no estaba dormida pero fingía estarlo, él estornudó y simultáneamente su esfinter, descontrolado como sus emociones, soltó un pedo, que se acopló al eco del estornudo y al crujir de la cama. Ella lo escuchó y sintió compasión. Ninguno se movió. Ambos sabían que aquella situación patética era un agravante y no se podía convertir en un momento jocoso, porque la personalidad del gordo no daba para reirse de un hecho tan poco enternecedor, como ella sí lo hiciera una vez con el grandote que con las justas se bañaba a quien se agarró unas semanas atrás y con el que disfrutó plenamente las cinco películas que no llegaron a ver.

El pedo fue demencial.

Ella se sintió en trance, como en la partecita de la canción de los Beatles que viene después de que cantan I'd love to turn you on que tanto escuchaba en las ocasiones en las que quería profundizar la turbación de su espíritu o intentaba encontrar salidas para cambiar de vida, volverse hippie y vivir de la venta de porquerías al borde de la carretera, y mandar a todos a la mierda, incluido él. Se sintió como cuando viajaba en auto rumbo a la playa en plena Panamericana Sur y sacaba medio cuerpo por la ventana como los perros y sentía el vértigo de una libertad negada por el mundo real y por los carros que venían en contra y que por suerte no le volaron la cabeza, como él hubiese deseado un tiempo después. Se sintió cayendo en un abismo sin fin como cuando cinco años atrás cambiaba de posición en la cama en plena resaca que tenía el orgullo y la cojudez de sufrir sola encerrada en su cuarto para que sus padres no se dieran cuenta y toda la vida se le salía por la boca y juraba que nunca más lo volvería a hacer. Se sintió como cuando era niña y perseguía a los treinta patos de la vecina que vivían hacinados en un corral pequeño y los patos corrían más rápido que ella y después de la primera vuelta ya corrían en círculo y la perseguida terminaba siendo ella misma y el pánico de ser pisoteada por esos bichos sin prestigio le daban ganas de matarlos uno por uno a punta de palos.

El pedo fue revelador.

Se dio cuenta que no lo quería a su lado ni para dejar el tiempo pasar, porque no podría volverlo a ver sin recordar la noche drámatica en la que él era un moco con patas y al estornudar se tiró un pedo y ella fingió dormir y sintió lo inexplicable.

Y por eso concibió un plan para deshacerse lentamente de él.

Y no se equivocó.



jueves, 29 de octubre de 2009

Dialogorientiert (2) (*)

Seguimos con la racha de diálogos entre alemanes y extranjeros que no llegan a ser comprendidos por mi. Post catársico, lectores sensibles abstenerse. Gracias.


Uno:

Este caso sucede en el instituto en el que estudio y “trabajo”. Estoy con mi asesora de tesis conversando sobre uno de los últimos capítulos y entra un
Mitarbeiter. Queda solo un mes para la entrega. Nota: a la gente aquí le gusta dejar claro que son super trabajadores, que se rompen el lomo y se sacrifican por el dinero que ganan y se quejan siempre que tienen mucho que hacer y que no tienen tiempo para nada más y que el trabajo les consume la vida.

Mariam: mañana por la mañana paso por la biblioteca y busco el libro... es que este fin de semana me quedo en Hannover.
Betreuerin: ¿todo el finde?
Mariam: No, solo hasta mañana
Betreuerin: ¿ah sí?... ¿y eso por qué?
Mariam: es que este fin de semana voy a hacer mucha fiesta...
Mitarbeiter: tú no deberías decir eso a tu asesora... (nadie le dio vela en el entierro, pero él se metió)
Mariam: ¿ah no? ¿y por qué no?
Mitarbeiter: porque tienes que escribir tu Masterarbeit (ajá ¿y?)
Betreuerin: no te preocupes, a mi si me lo puedes decir, porque yo soy nett... (¡felicidades!)
Mariam: pero yo lo comentaría igual con todo el mundo, incluso con
Herr Direktor...
Betreuerin: ah si... ¿por qué?
Mariam: ¿y por qué no? ¡si es la verdad!

(y es MI fin de semana y yo hago lo que me canta)


Otro:

Estamos en una fiesta de amigo-embajador-cultural que dice ser
verde y comprender y respetar a todos los hombres del planeta (¿?). La fiesta ya acabó y todos se están despidiendo. Amigo-Ken de amigo-embajador-cultural tiene auto. Amiga vive lejos. Amigo-Ken de amigo-embajador-cultural ofrece a amiga llevarla a su casa.

Amigo-Ken: si quieres te llevo a tu casa.
Amiga (haciéndose la díficil pero bien que quería jeje): no gracias, no te preocupes, no te quiero molestar... (¡molesta con confianza!)
Amigo-Ken: si no quieres, no hay problema, no te puedo obligar... (podría haber dicho “lo hago con gusto” o algo mas cortés)
Amiga: es que ya me mudé y no vivo de camino a tu casa...
Amigo-Ken:
ok, mir ist egal

Amiga y yo nos miramos y mejor nos rematamos de risa. Amigo-Ken nos mira raro y creo que piensa que estamos locas.


Otro:

Amiga-peruana con esposo-alemán organiza una fiesta peruana por fiestas patrias. Me llama para que vaya desde la mañana y la ayude a preparar la comida que se va a servir en la fiesta. Cocinamos como para un comedor popular toda la mañana, pelamos papas, deshilachamos pollo cocido, y hacemos ají de gallina, papa a la huancaína y causa rellena. A las 4 de la tarde acabamos con todo el ajetreo y los invitados están citados a las 17:30 y como son 70% alemanes se puede esperar que van a llegar a la hora acordada. Nos vamos a bañar, nos secamos el cabello, nos vestimos, nos maquillamos, hasta quedar primorosas, hermosas y buenas “esposas”, como dos flores frescas.

Amiga peruana le pregunta a esposo-alemán: amor, ¿cómo nos vemos?
Esposo-alemán: cansadas

A mi me da un ataque de risa. Esposo-alemán no entiende nada.


Otro:

Esta es con el único Tandempartner-Alt-Punker-tatuado-en-todas-las-partes-visibles-del-cuerpo que me ha resultado verdaderamente un
Tandempartner. Muchos otros solo andaban buscando conocer mujeres y usan la excusa de aprender español para conocer latinas (y posteriormente agarrarlas si tuvieran la posibilidad), venir a las fiestas latinas que por lo general son un despelote descomunal o entrar de alguna forma en contacto con el grupete latino. Estoy cansada de esos. Zielorientierter Tandempartner-Alt-Punker me esta ayudando a escribir correctamente mi ridiculum vitae en alemán.

Alt-Punker: yo soy ingeniero de blablabla y gano 2800 neto, 2300 bruto (que se yo, me dijo los números... aquí no es desagradable hablar de sueldo, de cuanto te cuesta el alquiler del piso, o las vacaciones buceando en Bali, o lo que sea, porque todos hablan de eso o te preguntan sobre eso)
Mariam: ... (¡felicidades!)
Alt-Punker: du bist keine Putzfrau y por eso debes ganar mas o menos algo similar...
Mariam: ... (gracias por la aclaración, pero limpiar casas no tiene nada de malo sobretodo cuando muchos extranjeros como yo hacen ese trabajo)
Alt-Punker: pero tú eres extranjera así que definitivamente eres más barata que un alemán, así que ganarás menos, tengo que decírtelo, es tut mir Leid... (¡por lo menos alguien me lo dice de frente!)
Mariam: eso ya me lo esperaba, tengo mucho más clara cuál es mi situación aquí...
Alt-Punker: porque tú ya debes saber que los alemanes somos considerados tugendhaft, somos puntuales, precisos, analíticos, benaspruchbar y por eso siempre que he trabajado fuera del país no han hecho diferencias conmigo...
Mariam: me alegro por tí... (¿me alegro?)
Alt-Punker: pero ese no es tu caso,
es tut mir leid...
Mariam: ... (gracias a Dios que no es mi caso!)

Debo aclarar que
Tandempartner-Alt-Punker me cae super bien, al menos no me tiene miedo ja, ja, ja! Si quito todas las situaciones bizarras que me toca compartir con él nuestra relación es bastante aceptable dentro de los protocolos culturales que se tienen que respetar.


Otro:

Estoy cansada de explicarle a la gente que el hecho de venir de un país en desarrollo -si usamos la palabra
polite-, o subdesarrollado -si adoptamos la palabra sincera-, no quiere decir que por estar en un país del *primer* mundo uno pueda llegar a sentir que se libró de algo malo, o que nunca más quiera volver a su lugar de origen aunque el lugar sea inseguro y maten a la gente, o haya narcotráfico o prostitución, informalidad y todo eso que allá existe y con lo que antes solíamos convivir sin problemas. Piensan que el hecho de estar viviendo aquí debería ser valorado como un tipo de estado de gracia. No comprenden que algunos de nosotros teníamos allá muchísimas más comodidades. Que podíamos subirnos a un taxi cuando nos pegaba la gana o que podíamos pagarnos un restaurante bueno un par de veces al mes o que podíamos ir a la playa todo el verano o que cada 15 días venía un señor a limpiarnos el departamento. Porque aquí todos esos pequeños lujos burgueses se nos acabaron. Cambiamos los lujos de dentro de casa por una realidad fuera de casa (un país más *seguro*, limpio y ordenado). No comprenden que allá no todos son pobres, de hecho la mayoría de nosotros somos más pobres que ellos, pero no en calidad de vida. ¿Cómo se los explico?

Amigo-super-ahorrador,
Freund y yo nos encontramos en la ciudad para caminar por la ribera del río (¡qué divertido!). Freund tiene hambre y no entiende nada acerca de reprimirse con los pequeños gustos. En el camino al río vemos un restaurante turco y nos metemos para pedirnos un Dönner (solo un Dönner!) y una cerveza para cada uno... Amigo-super-ahorrador no pide nada (nunca pide nada o siempre pide lo más barato, lo juro y no lo puedo comprender). Amigo-super-ahorrador jamás había pisado Sudamérica. Amigo-super-ahorrador pisó Sudamérica luego de un tiempo, pero la cosa no mejoró nada.

Amigo-super-ahorrador le dice a
Freund: Pero cómo te estas comprando un Dönner! Deberías ahorrar el dinero! Mientras en tu país la gente esta muriéndose de hambre tú estas aquí comprándote un Dönner! (juro que digo la verdad, sino que me parta un rayo)
Freund: ¿pero porqué no? si trabajo 40 horas a la semana y gano un sueldo, puedo disponerlo como me guste...
Amigo-super-ahorrador serio y reflexivo: pienso que deberían comer en casa y ahorrar el dinero... (pero estamos hartos de cocinar en la casa...)
Freund sin comprender nada: pero solo es un Dönner y una cerveza... no te das cuenta que aquí nosotros vivimos unter kleinen Verhältnissen!
Amigo-super-ahorrador: pero ustedes no viven como los pobres...
Freund: doch!

Así aprendí a explicarle a la gente que aquí vivo
unter kleinen Verhältnissen.


UPDATE. ME PASÓ ALGO HOY 30.10.2009.

Como siempre que se me acaba toda la comida en el refrigerador me pongo en camino a Aldi a reabastecerme de-los-mismos-productos-de-siempre. Llego a Aldi y empiezo devolviendo las botellas, agarro jugo, agua con gas, agua sin gas, me paso al lado de las frutas, me agarro unos chifles al estilo alemán (dulces), me paso al lado de las verduras, paso. Me paso al lado de las carnes, me agarro unas piernitas de pollo con las que hago la-misma-sopa-de-siempre, luego me paso a los lácteos, me agarro Jogurt sin sabor (que ahora ya me gusta), me agarro Müsli, y de una canasta del centro me agarro Heiße Zitrone para tomar en los días de congestión, antes de dormir, o abrigada hasta el cuello mientras me soplo una película de las que solo a mi me gustan. Me dispongo a irme. Un tipo se me acerca y me pregunta:

der-Typ: disculpe Usted, de dónde sacó die Heiße Zitrone?
Mariam señalando el otro lado del super: von dadrüben...
der-Typ: Danke
Mariam: Bitte.

Llego a la caja y hago mi cola de 15 personas. Veo venir a der-Typ que se instala después de mí. Paso por la caja, pago, lleno mi mochila de las compras y una bolsita de tocuyo. Salgo de Aldi y me paso al otro super que está al lado. Ahí compro zanahorias, poros, trigo y una crema para el cuerpo. Me encuentro de nuevo con der-Typ. No pienso nada. Der-Typ mira mi Korb y me dice:

der-Typ: ¡ah! ¡va a cocinar sopa de pollo!
Mariam: ...sí... (¿y éste cómo sabe?)
der-Typ: ...es rica... ¿no?
Mariam: ...sí... (y sonriendo me alejo lentamente lo más diplomáticamente que puedo)
der-Typ: ... ha comprado piernitas de pollo ¿no?
Mariam: ...sí... bei Aldi...

Empiezo a tener miedo porque pienso que el tipo se fijó en todo lo que compré. Pienso que me está siguiendo. Intento salir lo más rápido que puedo del lugar y me pongo en la caja. Der-Typ viene de nuevo atrás de mi y se instala para esperar su turno. Me hace conversación una vez más:

der-Typ mirando la cajita de trigo que me compre: ¿y qué es eso?
Mariam: Dinkel
der-Typ: ach so... ¡qué saludable es usted!
Mariam: ...lo intento...

Paso por la caja, pago y me quito lo mas rápido que puedo. Voy caminando a una velocidad endemoniada porque hoy justo se me ocurrió venir a pie porque el aire frío en la bicicleta me reseca mucho la piel. Ya estoy saliendo del estacionamiento y escucho:

der-Typ: Hallo! Hallo!

Camino lo más rápido que puedo. Siento alguien correr detrás de mi. Pienso que estoy perdida.

der-Typ se me acerca y yo me volteo: disculpe, ¿no quiere que la lleve en mi auto? Veo que su mochila está muy pesada... mi auto esta ahí...
Mariam: ... (en shock)
der-Typ: oder lieber nicht?
Mariam: lieber nicht, danke... yo vivo cerca de acá... (pensando que por ahí éste me descuartiza y riega mis partes por la carretera)
der-Typ: Sind Sie Student?
Mariam: ja...
der-Typ: ¿y qué estudia?
Mariam: Bauingenieurwesen...
der-Typ: wow!
Mariam: ...
der-Typ: bueno podríamos ir a tomar un café...
Mariam a punto de salir corriendo despavorida: gracias, pero mejor en otra oportunidad...
der-Typ: ¿Usted siempre compra por aquí?
Mariam: sí...
der-Typ: pero nunca la había visto...
Mariam: ... (¿quiere que me ponga un cartel?)
der-Typ: ok, entonces hasta la próxima...
Mariam: ok, chau...
der-Typ: Tschüss!

Retomo mi velocidad de fuga. Pienso que el tipo está en su auto siguiéndome para ver dónde vivo. Tengo miedo las cinco cuadras que separan el super de mi casa. Me paro en un semáforo y me esfuerzo para no ver los autos que se paran en rojo a la hora que me toca pasar a mi. Pienso que está siguiéndome todavía.

¿Y ahora qué hago? ¿Y si aparece en el mismo super la próxima vez? ¡¿Tendré que cambiar de super?!

PD. El tipo se veía como de unos 40 años.


Aclaro nuevamente que todas las situaciones suceden en alemán, así que me puedo estar perdiendo de algo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Cycling por siempre! (3)

Últimamente ando muy amiga con el Office 2007 y algunos papers escritos incluso antes de que yo naciera. Tengo muchas ideas y ganas de escribir sobre los temas que sí me interesan y hasta podría escribir en este blog un poco acerca de lo que no me interesa (y a lo que lamentablemente me dedico) –esas cosas las escribo por otro lado–, pero no he tenido tiempo. Además me doy cuenta que estoy con más ganas de escribir sobre mis asuntos privados, como se dice “catarsear” un poco, pero en otro blog, en uno sin nombres y sin consideración con los sentimientos de los lectores, lo que a veces me limita un poco. Porque quiera o no, cuando abrí el blog, no pensé mucho en el hecho de que pasado un tiempo iba a querer despotricar públicamente sobre algún acontecimiento personal, como en algunos casos lo he hecho en este blog. Debo reconocer que hasta estaba en contra de hacer del blog un relato de las vanalidades diarias que conforman mi vida, pero hasta eso va cambiando. También me di cuenta, que no me gusta tener una rueca de comentaristas, ni tenerlos porque yo soy comentarista de sus blogs, porque eso significaría que no soy libre y que no me leen porque les gusto, sino porque los leo. El que quiere leer que lea, y el que quiera comentar que lo haga. En resumen, escribo porque me pega la regalada gana.

(Bueno, eso a modo introductorio, ya que he vuelto, una vez más.)

También soy muy amiga con mi bici. No se si los asiduos, defraudados y muchas veces indeseables e identificados lectores de este blog (número que va creciendo con el tiempo) recuerdan que cuando llegué a Alemania me regalaron una bici. Me di cuenta que de alguna forma los viajes, los hospitales, los medios de transporte motorizados y las bicis están planetariamente ligados en mi vida y entre esos tres elementos se producen combinaciones de sucesos que determinan mi transcurrir en este mundo.


Mi primera bici, siempre la llevaré en mi corazón (aunque sonara como matraca)


Por ejemplo:

En el 2008, tuve la genial idea de irme a Darmstadt al Schlossgrabenfest, Hessens größtes Musikfestival, a pasar un par de días con un amigo –como él dice “casi hermano” – que estudió conmigo en la universidad. Pasábamos horas frente a la compu, comíamos en mi casa y hasta mis viejos se divertían, hablábamos de todo y la pasabamos muy bien. Estudiábamos para las prácticas de Análisis Matemático 3 (del que ya me olvidé todo) y después de las prácticas cocinábamos en su casa y veíamos películas, me acuerdo mucho de “Rescatando al Soldado Ryan”, claro las películas tenían que tener mucha sangre, intestinos regados y balas, sino él no las quería ver. Pasé 13 horas en trenes y Ersatzverkehr por las fuertes tormentas que azotaban esos días Alemania antes de llegar en Darmstadt a ver a mi amigo. Ya allí, fui al Wohnheim donde vivía y pasamos unas 10 horas más haciendo parrillada, jugando voley con sus amigos, hablando un poco en varios idiomas y bebiendo cerveza. Después fuimos al tan soñado festival, que fue una borrachera memorable, más para él que para mi, porque yo ya no estoy para esos trotes y porque el tiempo así como el destino son inexorables. Al día siguiente repetimos la historia. Mi cuerpo ya no daba para más, pobre de mí. Regresé a Hannover un lunes, medio abollada y sintiéndome cansada y presintiendo que algo no andaba bien. El martes no aguanté más y fui al hospital por la tarde, me hicieron un pequeño Behandlung (en realidad me “ultrajaron”) y me mandaron a casa con la indicación de que si no mejoraba debía ver un especialista. Obvio que no aguanté y el miércoles fui a ver al especialista a las 8 de la mañana. No me equivoqué porque el doctor me dijo dos palabras mágicas: ausschneiden lassen. Me dijo después algo así: “nuuuun machen Sie sich jetzt auf den Weg ins Krankenhaus” y yo casi me muero en ese mismo momento porque pensé que había escuchado mal. Llegué al hospital, me internaron, y a las 19 horas ya había sido abierta y vuelta a cerrar. A las 20 tenía cinco amigos que me había ido a visitar y todo bien porque el efecto de lo que sea que me inyectaron, me adormeció de la cintura para abajo y sin dolor podía conversar alegremente. La recuperación duró dos semanas. Mi bici se había quedado asegurada el mismo martes frente a la biblioteca, mi a veces segunda casa. Y de ahí se la robaron. No se si se nota la relación: viaje-hospital-bicicleta.

Una vez recuperada y ya que subir en trenes en Hannover lohnt sich nicht (porque más es lo que uno camina para llegar a la estación y al bajar de la estación, que lo que recorre el tren), me puse manos a la obra y me busqué otra bici. Esta vez me la saqué de un Fahrradwerkstatt que tenía una rueca de bicis usadas y económicas. Ya podía andar de nuevo en bici, y la vida volvió a la normalidad.


Mi segunda bici, pocos días antes del accidente, y yo con las rodillas saludables.


(Otro ejemplo:)

Hasta que en el verano del 2009 fui a Italia (otra vez) a achicharrarme bajo el maravilloso sol de la Toscana. Todo bien, verano de verdad, calor de verdad, Stimmung italiana, amigos, y todo lo que uno puede pedir. Regreso a casa: otra vez aviones, trenes y buses. Y claro, después de cuatro días vagando por el mundo, a uno se le se le pudre la comida del refrigerador si no se la come antes de viajar. Me tocó ir al super a reabastecerme. Y cuando regresaba con mis bolsas de tocuyo en la canastita de mi bici me tocó cruzar una maldita esquina. Como buena extranjera que se adapta a las nuevas reglas con facilidad (¿?) me esperé hasta que cambiara a verde la luz del semáforo. Y cuando estaba cruzando como corresponde, me choca un audi negro, deportivo, maravilloso y reluciente (según la descripción de los testigos, porque yo ni lo ví) en la llanta de atrás de la bicicleta y para coronar el error (haberse pasado la luz roja y encima haber atropellado a alguien) se da a la fuga, el muy huevón (lo que no contribuye para nada a mejorar la opinión que tengo de mis Gastgeber).

Resultado: yo en el piso, manos rotas, rodillas rotas, panza adolorida, jean rasgado, compras regadas en el suelo y bicicleta en mal estado. Y lo peor de todo: 50 personas a mi alrededor tratando de levantarme, llamando al Rettungsdienst, llamando a la Polizei, subiéndome a la ambulancia que llegó en menos de tres minutos y anduvo con todo y sirena y luces por la ciudad (me sentía en medio de una película de bajo presupuesto) y los policías tomándome declaraciones: cómo me llamo, de dónde soy, dónde vivo, si estoy de visita, si vivo en la ciudad, si estoy hier gemeldet, si estoy asegurada, todo a la vez ¡un show! Llegamos al hospital y me bajan del ambulancia, me cambian de camilla como hacen en las series de doctores: cuentan uno, dos, tres y me levantan y me meten en una emergencia absolutamente vacía.

Raudos llegan los doctores a mí (uno guapo, uno feo, pero los dos antipáticos). Me hacen todas las preguntas que se les ocurren: si estaba embarazada, si podría estarlo, si estoy segura de lo que digo, si soy alérgica a algo, si tengo vacunas contra el tétanos. Me hacen tomografía, ecografía, rayos x, me inspeccionan la vegija, me curan, me inyectan, me parchan, me sedan, me calman el maldito dolor del impacto, me cortan los pellejos sobrantes, los enfermeros y doctores se cambian los guantes cada dos minutos y los tiran al basurero (¡!), y en la emergencia hay de TODO, excepto enfermos. (Esta experiencia me hizo recordar la vez que fui a una emergencia en un hospital limeño y estaba lleno de enfermos sentados que no alcanzaron camas y camas con enfermos y el doctor me dijo que hasta respirar ese aire era inseguro. Recuerdo que llegó un tipo drogado hasta las manos con la pobre madre tratando de que no se le muriera, él casi inconsciente, la madre llorando suplicante que le salven al hijo y el doctor aburrido de tantas situaciones iguales le tiraba cachetadas sin pena al “enfermo” mientras le preguntaba su nombre y la madre le decía “sálvemelo doctor, sálvemelo!”... el doctor le puso suero y lo dejo sentadito por ahí mientras me tocaba contemplar tanta miseria a mi alrededor). Aparece la Polizei e intenta tomarme de nuevo las declaraciones que no consiguió antes, a ver si ya me acuerdo de algo (sobretodo de la placa del auto, que nadie se preocupó de ver): pero yo no tengo ojos en la espalda, no vi nada y por lo tanto tampoco se nada. Me recupero lentamente del choque, y claro no piso la calle en una semana. Otra vez la relación: viaje-hospital-bicicleta.

Lo peor de todo no fue que quedé ligeramente averiada, sino que el accidente me costó todo el trabajo del mundo a mi sola: hacer un informe para la policía (en alemán), responder un cuestionario para la aseguradora (en alemán), hacer corregir los dos documentos, porque odio los errores gramaticales aunque no sea mi idioma materno, llevar la bicicleta averiada al taller y que me hagan un presupuesto para las reparaciones correspondientes (sabiendo de antemano que no me la iba a reparar nadie porque el causante del accidente decidió fugarse), y pagar yo misma por el presupuesto (sabiendo que ese gasto no me lo iba a devolver nadie), enviar mil cartas con las cuentas del hospital, y recibir e-Mails y llamadas telefónicas presionadoras para que haga lo mas rápido posible todo lo anterior. Cuando yo daba por terminado el trabajo que otro causó por chocarme, me responde la aseguradora que no es suficiente dar como razón del accidente Unvorsichtigkeit des PKW-Fahrers (¿?) y yo me pregunto ¿qué carajo debí decir? ¿que yo tuve la culpa?. Y eso tampoco contribuye a mejorar la opinión que tengo de esta gente, que se cree tan civilizada y perfecta. Pero como yo soy india y terca e incivilizada persistiré en mi razón y no la cambiaré.

Y para continuar con la tradición o vencer el maleficio (lo que suceda primero) me compré otra bici!!


Mi nueva bici! Superior!

Chauuuuuuu!


jueves, 25 de junio de 2009

Echter Wahnsinn

Yo tiendo mucho a visualizar y además soy muy lógica. También soy supersticiosa, lo que se contrapone con el hecho de ser razonable, pero en mi todas las características coexisten pacíficamente sin generarme conflictos mentales (?). Con ser visual no quiero decir que me atrae lo bonito. Dicen que ser visual es algo más masculino que femenino. Con “visualizar” me refiero al hecho de asignarle una imagen a los hechos que no puedo ver ni percibir de ninguna forma. Las cosas que pasan las interpreto y analizo desde ese punto de vista, osea que me armo un cuadro y puedo empezar a razonar. Si veo un tipo trabajando sentado en una oficina, por ejemplo, me imagino su casa, su familia, su escuela, su calle, su auto. Me armo un concepto “visual”. Finalmente creo que ser “eso” trae ventajas. Aunque a veces esa tendencia me juega malos pases.

Por ejemplo.

Hace años cuando apenas había salido de la universidad y andaba en la búsqueda de trabajo infructuosa me llamaron para una entrevista. Yo siempre pensaba que en cualquier minuto iba a llegar la oferta laboral de mi vida, aquella más importante que iba a colmar todas mis expectativas de ingeniera que cree que va a inventar la bicicleta. Pero el tiempo se encargó de enseñarme que yo no iba a inventar nada, mucho menos cambiar el destino de la física y que yo soy como dicen los alemanes nur ein Rädchen im Getriebe. Pasé por miles de etapas para tratar de conseguir ese trabajo, entre ellas una entrevista sicológica. Me pidieron dibujar una persona y yo me puse en el trabajo de visualizar LA persona, y no se porqué pero visualicé a mi papá y lo dibujé a él. Lo dibujé como lo veía diariamente, con pantalón de drill, porque hace años que dejó de usar jeans, una camisa, un lapicero en el bolsillo, correa, zapatos con agujetas, anteojos, reloj, todo. Lo dibujé al detalle. No se porqué no dibujé a mi mamá. Al terminar el examen sicológico escrito, tenía que pasar a la entrevista sicológica personal. Ahí me dijeron que no podían darme el puesto porque haber dibujado un hombre significaba que yo -que soy mujer- me identificaba más con el sexo masculino y ellos estaban buscando a una mujer bien mujer, y que en resumen me faltaba un tornillo. También me dijo que haber metido tanto detalle a la cosa, quería decir que yo solo complicaba las cosas! Osea, me dejaron vestida y alborotada. Y como a los sicólogos no se los puede contentar con nada, porque si reclamas eres rebelde, y si no dices nada eres sumiso o te falta iniciativa, me limité a aprender que nunca debía dibujar un hombre en una entrevista de esas. En realidad son ellos a los que les falta la tuerca, solo que no se han dado cuenta.

Eso no es todo con respecto a cosas visuales. Cuando hacen una película y yo no he leído el libro que la originó, entonces no voy a ver la película. Porque siempre pienso que primero debo leer el libro, hacer mi propio trabajo intelectual de imaginarme a cada uno de los personajes, lugares y situaciones y después ir. Por eso no he visto hasta ahora ni una de las películas de Harry Potter, ni El Señor de los anillos. Es que siempre los postergué, porque a mi las circunstancias no me pueden obligar, ja! Recuerdo que en la universidad llevaba un curso que se llamaba Metodología del Estudio Universitario que se hacía cara a cara con un asesor cuya función era determinar la calidad de la madera de la que estabas hecho. Parte del curso era leer un libro, y hacer un resumen. Mi asesora me sugirió leer El Hobbit o El Silmarillion. Pero a mi esas cosas exóticas no me atraen para nada. Así que yo solita dije que iba a leer Madame Bovary, de Flaubert, porque ya lo tenía empezado. Claro que con tanta escena de sexo, promiscuidad e infidelidad la asesora casi se me cae de poto. Pero es solo cuestion de comprender a Emma, y su inapagable deseo de ser amada. Cuando uno entiende eso, lo comprende todo. Cuando vi “El coronel no tiene quien le escriba” me encanté. Quedé con la misma sensación de desolación que tuve cuando leí la novela, porque muchos lugares y personajes eran como yo los había visualizado. Fue como descubrir una correspondencia entre mi imaginación y la imaginación de otro. Sus imágenes se parecían a las mías. Claro que las decepciones cinematográficas también son fuertes. Después me quedé pensando que podían hacer una película de la novela Thérèse Raquin, de Zola, porque expresar ese final, lo puede hacer solo un maestro.

Para entender mejor la siguiente situación leer primero desde la línea 19 a la 24 de este texto.

Cuando tenía 8 años yo estaba en tercero de primaria. Iba a un colegio de monjas que decían que todo era pecado. Nos hacían ir a la misa cuántas veces fuera posible y escribir de tarea las lecturas y el evangelio del día y hacer una interpretación propia de lo que había dicho el cura en el sermón dominical. Esa tarea me la hacía mi papá. El escribía sus opiniones y yo las transcribía sin pensarlo, creo que a él le gustaba hacerme la tarea. Un domingo de tantos leyeron en la misa la parábola de Lázaro y el rico, en la que Lázaro era el pobre mendigo y el rico era malo, lo dejaba sufrir y no le daba comida, y cuando murieron Lázaro va al cielo al lado de Abraham claro y el rico al infierno. Es que la Biblia es el único libro en el que el malo no se sale con la suya. Y el lunes siguiente me sacan a mi en la clase de religión a hablar sobre el Evangelio y a hacer la bendita reflexión. Yo siempre he tenido un lado espiritual muy independiente. Pero como ya les he dicho también soy visual y lógica. Y cuando uno tiene 8 años, pues la visualización de las cosas no está tan cerca de la realidad.

Empecé mi relato, dije quién era Lázaro y quién era el rico, y que cuando los dos hubieron muerto uno fue al cielo y el otro al infierno. En esa época yo tenía una Biblia con pasta azul del año del cometa, en la que había una imagen de la parábola. La imagen era más o menos así: el cielo era un jardín muy florido y con todas las comodidades, y a su lado, había un abismo en el que estaba el infierno en llamas con las pobres almas pagando el mal hecho en vida. El abismo en cuestión no era tan profundo y la cabeza y manos de las almas castigadas llegaban justo al borde del cielo. Lázaro, con cara de duda, estaba parado mirando hacia el abismo del infierno en el que estaba el rico, que estiraba suplicante las manos hacia él. Para explicarlo mejor me saque una figura de la internet. Las personas paradas observando hacia abajo estarían en el cielo, y la pintura del piso representaría el infierno.



Cuando llegué a la parte final de mi relato dije en medio de la clase: “entonces el rico le pide a Abraham que mande a Lázaro a mojarse la PUNTA DEL DEDO GORDO DEL PIE para refrescar su lengua” (¡¡!!). Yo me había imaginado, con base en la imagen de la Biblia de pasta azul que solo yo tenía, que Lázaro no iba a querer tener mucho contacto con el infierno, así que si tenía que darle agua al rico con la punta de algún dedo, lo mejor era hacerlo con el dedo gordo del pie, así no tenía que acercar sus órganos vitales al fuego del infierno y quemarse, completamente lógico. Mis compañeras se cagaron de risa y la monja me castigó. Yo no me acuerdo si se lo conté a mis papás.

Cuando ya estaba en la universidad y llevaba análisis matemático II, que era básicamente análisis vectorial, intentaba por horas imaginarme los paraboloides hiperbólicos en tres dimensiones y las rectas perpendiculares a las superficies. En realidad esas cosas no sirven para nada en la vida diaria. Un día de esos nos hablaron de n-uplas, que serían “espacios” con n-dimensiones. Nunca logré visualizar la cuarta dimensión, porque si existe no creo que siquiera Nash la haya visto, ni de loco que estaba. Pero lo intenté mucho y por mucho tiempo. Un poco fuera de órbita siempre estuve, y quizá por eso mi mamá dice que me invento las cosas. Cuando cuento algo que “recuerdo” vívidamente agrego que es posible que no sea verdad y que tal vez solo lo he soñado, para que mis interlocutores no tengan ganas de meterme en una camisa de fuerza.


Un día estabamos cenando o almorzando en mi casa de Piura. Era verano, hacía mucho calor. En verano la cadena alimenticia se alborota en los trópicos. Estabamos comiendo en la mesita redonda de la cocina. La cocina tiene, hacia el lado del patio, un pasillo cortito en el que está el buzón colector de desagüe de la casa que conecta con el de la calle, y de allí se escuchaban unos chillidos, como de bichos, como de ratones. Guácala.

Mi mamá dijo algo como:
- !Uy! ¡cuántos pericotes!

Y yo dije:
- Puede ser que el sonido sea debido a la diferencia de presiones entre el colector de la casa y el de la calle.

Creo que le falta una buena ajustada a mis tuercas. O un buen golpe.


***
Ahora la nota climática: Seguimos esperando que llegue el verano. Fin.


***
Hay momentos en la vida, yo no sé! en los que los planetas del sistema solar y todos los astros del universo se alinean y todo se confabula para que se desencadenen cosas, para que los nudos se desaten y los desenlaces ocurran, para que comprendamos. En esos momentos somos un poquito más felices :)

Esta es una canción para una amiga mía, que hace poquito empezó a ser más feliz.


Todo se transforma!

domingo, 7 de junio de 2009

María en el país de las maravillas

La semana que pasó, pasaron muchas cosas. Se cayó el avión de Air France, vino Barack Obama a hablar con la Merkel a Dresden y yo me fui al Miniatur Wunderland Hamburg, que según la gente que sabe, es la maqueta de trenes en miniatura más grande del mundo. Allí se han reproducido die Eisenbahn y Autobahn -sistema de ferrocarril y carreteras- de Alemania, Austria, Suiza, Escandinavia y USA y otros sitios que no recuerdo más. Hay en miniatura ciudades como Hamburgo y Las Vegas, el Gran Cañon en las Montañas Rocosas y el Nordsee con barquitos en movimiento. Die Speicherstadt, que es el complejo de almacenes del puerto de Hamburgo, está también. Un poco de las tendencias perfeccionistas (y locura) de mis Gastgeber se refleja en la exactitud de la maqueta!

Se supone que el tema principal de la muestra debería ser el tren. Pero para mi en medio de tanta cosa linda el tren por sí mismo se vuelve solo una Nebensache. En las maquetas están recreadas un sin fin de historias y situaciones que se llevan la atención del visitante, sobre todo si al visitante como yo, los trenes, barcos y autos no le interesan tanto. Lo más importante de todo es que en miniatura, se refleja la cultura alemana, der Lebensstil, en el que yo ahora intento sumergirme, a veces sin éxito.

Pero como una imagen vale mas que mil palabras, dejo unas fotos de momentos memorables:

Paisaje típico alemán: "agarre con mano en el poto". Variante común: "caminar abrazados agarrándose el poto" (para los lectores no peruanos, poto significa trasero).


Despedida afuera de la estación de tren.


Momento polémico: porque el hombre no nació para ser célibe.


Momento artístico, porque si no es desnudo no es artístico.


Novia entrando al matadero, perdón a la iglesia -je, je- o regularización del estado civil, porque esos muñequitos alemanes ya habían convivido un par de años antes de decidir casarse.


Freikörperkultur o FKK es una propuesta naturalista que revalora la experiencia de estar desnudo sin un contenido erótico de por medio. Los niños también aprenden y yo sólo me rompo el ojo, porque sin ropa no se disfrutar de la naturaleza! :(


Encuentro en la ciudad.


Amor entre girasoles.


Ya no se puede fornicar tranquilo en estos tiempos.


Rock im Park oder Hurricane Festival? Daré fe en la última semana de junio :)


El famoso sauna mixto, en el que no entraré. Un amigo se encontró cara a cara (o bolas a bolas) con el profesor de puentes y la esposa. En ese rato me da algo.


Según la versión alemana de la historia, el diablo también cuida sus millones en algún lugar de los Alpes suizos.


Amor en la tercera edad. Yo también quiero.


Villa india.


Er ist nicht mehr zu retten. Schade.

Eso es todo amigos!

PS. Si quieren ver fotos serias de la cosa, osea trenes pasando y barcos navegando, :P entren aquí. Hay versión en inglés!

lunes, 25 de mayo de 2009

Es ist schon 2 Jahre her!

Hace dos años aterricé en tierras alemanas. Aunque me muero de ganas, hoy no puedo escribir "filosóficamente" porque no tengo tiempo -ya ven que también asumí un poco de la personalidad de mis Gastgeber je, je-. Tengo más exámenes para hacer, Projektseminar por resolver, trenes que tomar y solo una vida para ser feliz.

Este post se lo dedico a la ciudad que me recibió y que me hizo también un poco de lo que soy. Un lugar en el que he estado triste y he sido feliz, una ciudad en la que, que como digo muchas veces, "pasan muchas cosas", y un poco de esas cosas me pasan a mi.


"Hannover nach Maria". Este dibujo lo hice hace tiempo, en medio del invierno 2008/09. El cielo celeste es un poco mentiroso, porque en verdad casi siempre está nublado :D


Representación de Hannover de la Edad Media, del Deutsches Historisches Museum Hannover, que se pronuncia "Janofa". Supongo que algo tienen que ver Hannover y Hannofer :)


Este es solo un post más para celebrar que hay tantos caminos por andar!

Me pongo filosófica el próximo año!


miércoles, 22 de abril de 2009

Ordnung ist ein Durcheinander, an das man sich gewöhnt hat

En Alemania las cosas están demasiado organizadas, reglamentadas o reguladas por alguien o por algo. Una forma de regular la vida diaria aquí es poner carteles, digamos que es algo cultural que responde a la necesidad de vivir en orden y que me parece lo más. No hay una sola cuadra que no tenga un cartelito. Y según lo que he podido notar hay dos tipos. Uno es el que tiene la función de informar, por ejemplo, los carteles de tránsito o los que están en los lugares públicos, centros comerciales, fotocopiadoras, bibliotecas o universidades y que evitan que se tenga que tener una persona repitiendo dos millones de veces lo mismo hasta el hartazgo, o evitando que se cometan destrozos o que se perjudique la tranquilidad/integridad del prójimo. El segundo es el que tiene la esperanza de terminar con un hecho fastidioso, y que de cierto modo no se asumiría como algo que podría causar molestias, pero en la viña del señor hay de todo y por eso carteles para todos. Este último confía que las personas van obedecer la indicación y dejar de joder de una buena vez en lo posterior.

Muchos carteles son escritos en un lenguaje muy cortés, otros ya no tanto y cada vez que me encuentro con uno curioso, le saco una foto. Y aquí está una recopilación:

Tipo 1. Atención! En invierno no se esparce sal, ni arena - Oficina Distrital Hamburg-Centro.
Este cartelito está en un puente que tiene una escalera que conduce a la ribera del Elba, en el que se puede caminar muy tranquilo y disfrutar del paisaje y del buen tiempo. "Streuen" significa echar sal o arena en las calles congeladas para evitar que la gente se resbale en invierno.


Tipo 1. Los perros no pueden entrar a la playa - Ciudad de Wunstorf.
Con este cartel estoy totalmente de acuerdo. Está en Steinhuder Meer, un lago muy lindo cerca de Hannover en el que hay una islita donde la gente se puede bañar "die Badeinsel", osea la "playa".


Cartel híbrido. Prohibido el ingreso a esta propiedad. Los padres responden por sus hijos.
Este cartel está a la vuelta de mi casa y se ven muchos así, hasta ahora no me queda claro para qué los ponen, porque si no se puede entrar debe ser que adentro no hay nadie!! -ja, ja-


Otro híbrido. Prohibido colocar/amarrar/apoyar bicicletas.
También esta a la vuelta de mi casa en el acceso a una cochera como pueden ver. El tema de las bicis en Alemania es de nunca acabar. Hay muchas. Y yo vivo cerca de Conti-Campus, el edificio donde funciona la Facultad de Humanidades de la Universidad de Hannover, que también es una zona donde funcionan muchos negocios. Los estudiantes y empleados van y vienen en bici, sobretodo en primavera y verano. Y cualquier palo es bueno para dejar la bici.


Notan los rayos de sol :)


Tipo 2. Prohibido colocar/amarrar/apoyar motos y bicicletas. Los propietarios.
Otro cartel anticiclistas.


Tipo 2. Mi verja no es para apoyar bicicletas! J. Girod.
También está por mi casa. La tía se hartó.


Tipo 2. Por favor no dejar propaganda.
Este está en el buzón del correo del edificio en el que vivo. Los sábados me llenan de porquerías el buzón, algunas interesantes, otras no. Solo me sirve la guía de televisión que me dejan. Pero este vecino no debe tener tele! -ja, ja-


Tipo 2. Está terminantemente prohibido alimentar a las palomas.
Este está en el Wurst-Basar, el Bazar de las Salchichas, que queda en una calle central de Hannover. Es muy conocido el amor de los alemanes por los animales y les gusta alimentar/apreciar/acariciar cuánto bicho se les cruza. Las palomas son verdaderamente una molestia en primavera y verano. Aparecen demasiadas y se c*g*n todo! En los lagos también esta prohibido alimentar a los peces.


Tipo 2. (Cartel desesperado) Por favor reduzca su cantidad de basura. Sin cartones, sin botellas, sin basura biológica. Los sacos amarillos-Grüner Punkt se recogen los martes.
Aquí no saber reciclar es la forma nueva de ser analfabeto y los alemanes son los campeones mundiales del reciclaje. Se separa el cartón, que se recoge los jueves; las botellas cuestan y se devuelven en el supermercado y uno recupera la plata que pagó, los vidrios se separan por colores y se depositan en contenedores especiales, la ropa y zapatos viejos o en desuso van en otro contenedor, y los sacos amarillos deben contener todos los productos que puedan ser reutilizados: por ejemplo, los envases de plástico de shampoo, cremas, detergentes, carne, helado; los envases de metal, las hojas de aluminio de la cocina, latas de conserva y todos los tetrapacks. Todo eso lo pueden leer en alemán aquí.


Tipo 2 político. No se cómo traducirlo bien. Dice algo así: No a la seguridad financiera (de recursos, económica) a través de la guerra. Retirarse de la OTAN.
Se discute mucho si Alemania financia o no la producción o venta de armas que llegan a las guerras, calma mi conciencia saber que nuestros países en desarrollo no tienen plata para producirlas/financiarlas.


Tipo 2. A nuestros vecinos y sus invitados: Si nuestro pasillo fuera un tacho de basura, se llamaría tacho de basura y no pasillo... Últimamente se encuentra basura en el pasillo, en las escaleras y en el patio. Por favor deposite su basura en el basurero! Muy agradecidos! La Asociación de inquilinos y propietarios.
Lamentablemente esto sucedió en mi edificio. Y no solo eso, sino que se robaron una bicicleta asegurada del pasillo del sótano. Han llegado a vivir muchas personas extrañas. Dónde vivo Dios?


Tipo 2. Felicidades, Usted ha encontrado el Cuarto MZ 220. De verdad quiere entrar aquí o Usted busca el Aula MZ 1 (MZ -220)? Si es así, regrese al primer piso y de ahí vaya al sótano. Se llega por las escaleras que se encuentran a la izquierda y a la derecha del núcleo del edificio. Éxitos en su búsqueda!
Este es mi favorito, lo encontré tan simpático. Aquí lo normal es tratar de Usted a la gente si no la conoces. Las clases comenzaron hace tres semanas y yo creo que Frau Joch no aguantó más y puso ese cartelito para todo alumno perdido que confundiera la sala -220 con la 220. Un signo hace toda la diferencia y un cartel también!

***

En Perú no se estila regular el comportamiento con un cartel, porque lo más probable es que se lleven el cartel, lo pinten o deformen la información escrita, lo que se hace es pintar la pared con la regla a seguir, ya que la pared no se puede llevar con uno. Digamos que el estilo es poner cosas como las siguientes: “todo billete falso sera picado”, “en esta combi todo es chevere: la combi, la musica y el chofer”, “esta casa es suficientemente limpia para ser saludable y suficientemente sucia para ser feliz”, “no arrojar basura”, “prohibido orinar bajo pena de arresto y multa”, “no se fía”, “hoy no fío, mañana sí”, “el que fía no está, salió a cobrar”, “pague con sencillo”, "respete la casa de Dios, no pinte las paredes" y cosas de esas.

Expresión de cultura señores!

Bah, el clima es el problema! -ja!, ja!-

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Ahora la nota climática, que la escribí ayer. Es increíble la euforia que uno vive al iniciarse la primavera. Cuando yo estaba recién aterrizada en Alemania no le daba tanto valor al buen tiempo porque no sabía que significaba “mal tiempo” ya que venía de un sitio en el que eso no existe como concepto. Allá uno sabe que cuando es verano hace un calor del infierno y cuando es invierno hace frío, pero que es soportable. Aquí en Alemania uno sabe que en invierno hace un frío de mierda, y en primavera y verano uno tiene que rogar por que los días sean buenos bzw. que haga calor, que no llueva, que no haya viento que te derrube de la bici, que no haya humedad, usw. Por eso das Wetter es por estos lares un tema de conversación. Al terminar este invierno -el que acabó de pasar fue el peor de todos en 8 años: el lago se congeló, la nieve se volvió hielo y permaneció en hielo por tres semanas- me dio como locura, me dio por salir todos los días, por estar afuera siempre, y hoy ha sido el peor día en lo que va de esta primavera y solo ha llovido un poquito. La vida se vuelve genial, se cambia el humor de la gente, hasta suceden cosas como que me pregunten dos veces en un solo día de dónde vengo. Eso no es normal aquí. En el invierno la gente tiene una cara de “si me miras te pego” y como que no están muy animados a dirigirte la palabra. El clima es la clave de la felicidad!

Bueno sobre eso no quería escribir pero como se me están contagiando los males climáticos de estas latitudes, les dejo el siguiente videito. Se llama “Wenn jetzt Sommer wär” (Si ahora fuera verano), das finde ich super y mi entrenador de cycling puso esa canción hoy, después de poner “Volverte a ver” de Juanes. El humor se refleja hasta en la música del gym y no la puedo dejar de escuchar y cantar!



Und wenn bei dir jetzt gerade Sommer ist und du zu Hause sitzt/und nicht rausgehst, weil du mal wieder vorm TV klebst, dann denke daran/ wenn der Tag dich verliert, dass sich das Wetter ändern wird!!

Schönen Tag noch!

jueves, 9 de abril de 2009

Jedem das seine

A uno se le va la inspiración si no escribe lo que tenía para escribir en el momento en el que las cosas están haciendo efecto en la cabeza.

Me fui a Perú de vacaciones por un mes y ya volví claro, tiempo pasado. Lo más raro es que no me morí de ganas de escribir sobre la experiencia al volver, no se porqué. Mientras estaba allá recibí un correo de una alemana que está viviendo en Perú y que consideró que mi blog sólo relataba las cosas malas que vivo en Alemania, y que ella entendía que yo –así como ella con su experiencia en Perú–, necesitaba meine Erlebnisse zu verarbeiten y claro que me puso a reflexionar. Después me puse a mirar el contenido del blog, a evaluar si su afirmación podría ser la verdad y llegué a la conclusión de que no lo es –ja, ja, qué conveniente!–. Lo que escribo es lo que escucho, lo que vivo diariamente, desde mi punto de vista. La muchacha dijo que yo no debía schlecht machen en un medio público como internet cuando se está zu Gast en otro país, y de cierto modo me dio cargo de conciencia. Pero después volví a reflexionar y me saqué todos los cargos –ja, ja, ja–, le pedí que lea el blog completo y haga un balance sobre lo bueno, lo malo, lo bonito y lo feo. Una de las cosas que le dije es que algunos alemanes se toman las cosas demasiado en serio (más de lo que un peruano/sudamericano promedio que se toma todas las cosas en serio, se lo tomaría, por ejemplo), y que son bastante sensibles a la crítica. Le dije que quién era yo, para que lo que yo opino y escribo fuese tomado así tan formalmente como fuente criticable. Todo este intercambio de correos fue mientras yo disfrutaba del sol y en Alemania caían las últimas nieves. Al regresar, encontré al invierno acabado, luz solar una gran parte del día, encontré que el carutal reverdece, el guamanchito florece y la soga se revienta.

Das Blühen

Primeros rayos de sol en esta primavera!

Al llegar en Alemania asistí a una exposición fotográfica en Hannover sobre Perú y Bolivia, de un fotógrafo de los que abundan en estas latitudes y que se dedican –como yo– a distribuir su opinión –y que no lo hacen gratuitamente, porque se hacen editar libros por los que se paga– y confirmé una vez más que estoy harta del sensacionalismo de cualquier tipo y más de aquel que lucra con la desigualdad y con el subdesarrollo. El tipo había exhibido los peores, peores, pero peores lugares de Lima, los más feos, los más miserables, y el mayor porcentaje de su exposición era de ese tipo. Claro que no faltaba Machu Picchu, Chavín, un poco del Manu, naturaleza salvaje, unos cuantos platos de comida y eso, pero era como que si en Perú no existiera ese porcentaje de gente que vive a duras penas en condiciones más o menos favorables. A mi no me molesta que digan que mi país es un caos, que hay muchísimas personas en extrema pobreza, que hay trabajo y prostitución infantil, que un alemán diga la palabra narcotráfico cuando le menciono de dónde vengo, que en Lima el tránsito vehicular está cada día más endemoniado y uno respira Smog y que estamos todos envenenándonos lentamente, que allá es muy fácil ser robado o estafado, o que se ponga una foto de un poste con 500 cables saliendo en toda dirección cardinal posible, porque esa sí es la verdad. Lo que si me molesta es que no se complete la verdad con su parte positiva y eso falsee un producto que se vende, por el que se paga, y con el que alguien lucra. Entonces que no me vengan a decir que ich mache schlecht. Además aprovecho para desembuchar, ya que estamos en un momento de rebelación, que también estoy en contra de promover tener un Patenkind del tercer mundo poniendo una foto de un niño africano con cara triste y desnutrido bebiendo algo de un vaso azul de plástico en una casucha horrible rodeado de hermanitos/amiguitos en la misma condición. Eso es amarillismo. No se puede llamar a la responsabilidad social a través de una publicidad irresponsable. Pasemos a otro tema.

Como mi casa en Lima está en proceso de ponerse habitable, no tenemos televisor –je, je–, así que me preparé y llevé varias películas para mirar en la compu. La primera película que vi se llama Waltz with Bashir y no voy a contar de que se trata, pero el protragonista no consigue recordar ni lo malo ni lo feo. Y cuando uno extraña creo que pasa mas o menos lo mismo, porque la memoria es selectiva. Uno recuerda la familia, los amigos, el calor de la gente, la comida, el ceviche y los tamales verdes, el clima, el sol, la playa, y esos momentos burgueses que uno no tiene el lujo de tener por estos lares y que otros en mis mismos lares no pueden tener. Y al llegar, lo primero que te recibe es lo feo: el caos vehicular, una hora y media de camino a casa en medio de un tráfico de mierda, el Smog, la bulla, la primera noche el vecino de arriba decide hacer una jarana sin precedentes que no te deja dormir y el vecino de abajo tiene dos perros en su patio de 3 metros cuadrados que lloran también toda la noche porque llueve al estilo limeño y nadie se acuerda de ellos, usw. Adiós tranquilidad, bienvenidos en la ciudad de los reyes.

Lo que más me gusta del Perú que encontré –tampoco es que hayan pasado 25 años– es que hay un proceso de reconciliación con la propia identidad, y me gusta llamarlo o creerlo así. Se oye y baila cumbia en las discotecas más “refinadas” y se decora cada vez más “andinamente”. Y con este boom gastronómico todos andan metiéndose hasta por la nariz las nuevas comidas y tragos novoandinos y se estimula el uso de nombres quechuas. Es cierto que se respira aires de progreso y que parece que la gente tuviera más plata. Pero también es cierto que la cabeza de la gente no ha cambiado tanto como su economía, que la discriminación todavía la experimentan muchos y que nuestra viveza criolla se burla de nosotros mismos.

Después del primer impacto visual que es lo que más se nota/afecta y de los dos o tres primeros días, ya estaba como pez en el agua, había recuperado mi indispensable dominio combístico, estuve ducha para movilizarme sin auto propio y negociar el pasaje por cincuenta céntimos hasta Benavides y hasta para pelearme con el cobrador, hay cosas que nuncan se olvidan. Mi estómago tardó un poco en reconocer antiguas bacterias, claro que después nos hermanamos, y mi piel que no había probado rayo de sol efectivo en 22 meses se insoló, se me hincharon todas las venas visibles del cuerpo por el calor, me intoxiqué con Pisco –ja, ja, ja–, me volvieron a salir las pecas y toda esa serie de eventos terminaron justo cuando ya me tenía que ir.

La anécdota para recordar no sucedió en tierras peruanas, sino holandesas. O tal vez en los dos lados, o en ninguno. En el Duty Free de Lima compré dos botellas de Pisco. Pensaba que si las cosas eran compradas en un Duty Free podían entrar en cualquier aeropuerto del mundo. Pero nosotros los sudamericanos, burriers del planeta por excelencia, no podemos meter en la Unión Europea ningún líquido comprado en un Duty Free de Sudamérica aunque fuese agua bendita del Vaticano. El chico me lo dijo al pagar, pero yo con mi política del que no arriesga no gana, me los llevé igual. Y gané. Solo tuve dos horas para hacer transbordo, y al momento de pasar por el control de embarque no me tocaron policías holandeses con cara de holandeses, sino holandeses descendientes de India y Africa, o de algún lado de esos. Preguntaron a quien pertenecían las botellas, dije que a mí, me preguntaron donde las había comprado, de burra dije que en Lima, me dijeron que no me las podía llevar porque blablabla y todo el rollo, foquiu, mentí, dije que en el Duty Free de Lima no me habían dicho nada al respecto, me dijeron que si lo dijeran nadie compraría, puse cara de perro arrepentido, dije que me las quería llevar por favor señor, me dijeron que me daban la alternativa de irme al counter de KLM y pasarlas por valija, dije que ya no tenía tiempo, me dijo que le diera mi tarjeta de embarque, se la dí, la miró, el holandés hindú le dijo a su amigo el holandés africano que en verdad ya no tenía tiempo, y en ese preciso y bendito momento se desató una histeria entre un viajero y los aduaneros con griterío y todo en la primera banda, cerraron las bandas del medio, vinieron mas policías de refuerzo, yo estaba en la última y menos visible poniéndome los zapatos y un ángel del cielo vino a apoyar mi iniciativa y el policía aprovechó el pánico y me dijo que me dejaba pasar, pero que tapara las botellas con mi abrigo, y que si me me atrapaban a la salida, podían perder su trabajo. Así, llegué a mi puerta de embarque y me subí al vuelo a Hannover con mis dos botellas de pisco acholado y puro quebranta. YUJU!!!!


El protagonista del viaje, aún sellado.


Por detrás

No hay como mi suerte!